Uniendo a Siria

Syrian protesters in front of the Syrian embassy in Cairo
Syrian protesters in front of the Syrian embassy in Cairo. Photo: Maggie Osama/flickr.

BERLIN – Los activistas de la oposición siria suelen manifestar su desencanto con el nivel de apoyo internacional que reciben. Si bien la última reunión de los llamados “Amigos de Siria” (un grupo de países que se reúne periódicamente para discutir la situación de Siria fuera del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas) se tradujo en más ayuda financiera, el grado de compromiso exterior genuino con su causa sigue siendo cuestionable.

Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía y la mayoría de los países árabes coinciden en que el régimen del presidente sirio Bashar al-Assad ya no es legítimo. Han intensificado las sanciones contra el gobierno, y ofrecido diferentes tipos de respaldo a los grupos opositores. Algunos estados han ofrecido armas automáticas, municiones y granadas propulsadas por cohetes. Pero las entregas de armas han disminuido, y los pedidos de los rebeldes de armas antiaéreas siguen sin recibir respuesta.

Es más, ni los vecinos de Siria ni los gobiernos occidentales están dispuestos a intervenir militarmente. De hecho, a pesar de dar señales de solidaridad, se han negado a establecer una zona de protección para los civiles sirios a lo largo de la frontera de los estados vecinos, o a imponer una zona de exclusión aérea para los aviones militares sirios. En consecuencia, los grupos opositores sirios creen que se han quedado solos para enfrentar al brutal régimen de Assad.

Pero los opositores sirios deben reconocer que la falta de una acción internacional decisiva no sólo se debe a que Rusia y China vetaran alguna acción significativa en el Consejo de Seguridad, o a la renuencia de los países de la OTAN a iniciar otra guerra en la región. De hecho, la comunidad internacional está esperando que la oposición desorganizada de Siria se transforme en una fuerza coherente y efectiva tanto como la oposición espera ayuda de la comunidad internacional. Esto implica formar una plataforma común que represente a todos los grupos relevantes, incluyendo los Comités de Coordinación Local, la Unión de Coordinadores de la Revolución Siria y los consejos militares de Ejército Libre de Siria.

Sin duda, los rebeldes han hecho algunos avances. Han creado cuatro consejos militares regionales, que han ayudado a consolidar el liderazgo y solidificar su control en áreas significativas del país, particularmente cerca de la frontera turca.

Sin embargo, la oposición siria hasta el momento no ha logrado presentarse como un actor unificado. Esto es sorprendente, dado que partidos políticos y figuras altamente respetadas e influyentes han venido hablando en nombre de la oposición en reuniones internacionales.

El Consejo Nacional Sirio (SNC, por su sigla en inglés), por ejemplo, incluye muchas de estas figuras, y ha recibido respaldo material de varios países. Pero no es lo suficientemente inclusivo como para ejercer el rol de único representante de la oposición siria. Los intentos por ampliar el SNC no han tenido éxito, debido a las reservas manifestadas por algunos grupos importantes, como el Foro Democrático, respecto de unirse a una organización que depende de auspiciantes extranjeros.

La oposición siria necesita crear una organización paraguas aceptada por todos, inclusive por los líderes civiles y militares de facto que han surgido localmente en el último año y medio. Estos grupos ya comparten un objetivo común -derribar al régimen de Assad- y la mayoría de ellos (con unas pocas excepciones ultra-militantes) esperan crear un estado pacífico, inclusivo y democrático.

Figuras influyentes de la oposición -como el ex parlamentarista y preso político Riad Seif y el ex líder del SNC Burhan Ghalioun- han propuesto estrategias prometedoras para formar ese tipo de organización paraguas. Por ejemplo, un “grupo de personas sabias” sin intenciones de ejercer cargos políticos podría supervisar la creación de un consejo provisional que incluya a todos los grupos políticos y coaliciones relevantes, los consejos militares, la comunidad empresaria y los líderes religiosos.

Pero estos planes no se han materializado, debido a la falta de una cultura de cooperación. Teniendo en cuenta que los sirios socializaron en el marco de un sistema profundamente autoritario, incluso aquellos que luchan por un sistema democrático no tienen experiencia en el arte de formar coaliciones. Asimismo, los potenciales políticos nunca han podido medir su popularidad realmente en contiendas democráticas. En consecuencia, muchos sobrestiman su verdadera influencia y tienden a competir por el liderazgo más que a cooperar.

Los líderes de la oposición de Siria no necesitan barrer sus diferencias políticas debajo de la alfombra para ganar el respaldo de la comunidad internacional. Simplemente tienen que crear un organismo común que pueda ser aceptado por todos los grupos relevantes en el terreno, como hizo la oposición libia cuando estableció el Consejo Nacional de Transición.

Luego de eso, deberían establecer una autoridad legítima dentro de Siria que pueda administrar áreas liberadas, distribuir ayuda y ofrecer servicios a los civiles. Una autoridad de transición de este tipo podría emplazar más fácilmente a la comunidad internacional a brindar el apoyo necesario que un grupo rebelde exiliado.

La revolución siria es, esencialmente, una rebelión civil y política contra una dictadura -que poco a poco está desbaratando al régimen de Assad-. La oposición debe empezar por preparar el terreno para un nuevo orden basado en la unidad y la cooperación. De lo contrario, grupos más pequeños de militantes armados -respaldados o incluso manipulados por actores externos- dictarán el futuro de Siria.

Copyright Project Syndicate


Volker Perthes es presidente y director del Stiftung Wissenschaft und Politik, el Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad, de Berlín.

For further information on the topic, please view the following publications from our partners:

Tentative Jihad: Syria’s Fundamentalist Opposition

The Explosion on The Turkish-Syrian Border Continues

International Initiatives and the Civil War in Syria


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Réunifier la Syrie

Syrian protesters in front of the Syrian embassy in Cairo
Syrian protesters in front of the Syrian embassy in Cairo. Photo: Maggie Osama/flickr.

BERLIN – Les militants de l’opposition syrienne expriment souvent leur déception du niveau de soutien reçu de la communauté internationale. Même si la dernière réunion des soi-disant « amis de la Syrie » (un groupe de pays qui se réunit régulièrement pour entretenir des discussions sur la situation de la Syrie hors du Conseil de sécurité des Nations unies) a amené davantage d’aide financière, le degré d’engagement réel de l’extérieur à leur cause reste discutable.

Les États-Unis, l’Union européenne, la Turquie et la plupart des pays arabes conviennent que le régime du président syrien Bashar al-Assad n’a plus aucune légitimité. Ils ont intensifié les sanctions contre son gouvernement et ont fourni différentes sortes d’appuis aux groupes d’opposition. Certains États ont livré des armes automatiques, des munitions et des grenades propulsées par fusée. Par contre les livraisons d’armes se sont taries et les demandes des rebelles pour des armes antiaériennes demeurent sans réponse.

En outre, ni les pays voisins de la Syrie, ni les états occidentaux ne sont prêts à cautionner une intervention militaire. En réalité, malgré les manifestations de solidarité, ils ont refusé d’établir une zone de protection des civils syriens le long des états limitrophes, ou même d’imposer une zone aérienne excluant les aéronefs de l’armée syrienne. Les groupes d’opposants syriens estiment avoir été laissés à eux-mêmes dans leur confrontation au régime sanguinaire du président Assad.

Les mouvements syriens d’opposition doivent cependant se rendre compte que l’absence d’intervention décisive internationale ne résulte pas uniquement du veto de la Russie et de la Chine sur toute intervention significative du Conseil de sécurité, ni du manque de volonté des membres de l’OTAN d’entrer dans un autre conflit dans la région. En fait, la communauté internationale attend que l’opposition désorganisée de la Syrie se transforme en une force cohérente et efficace autant que l’opposition attend de l’aide de la communauté internationale. Ceci implique la création d’une plateforme commune qui représente tous les groupes concernés, notamment les comités de coordination du pays, l’Union des coordinateurs de la révolution syrienne et les conseils militaires de l’armée syrienne libre.

Il est certain que les rebelles ont fait des progrès. Ils ont créé quatre conseils militaires régionaux, ce qui pourrait bien avoir contribué à la consolidation de la direction et à la solidification de leur contrôle sur d’importantes zones du pays, particulièrement à proximité de la frontière turque.

Pourtant l’opposition syrienne n’a pas encore réussi à se présenter comme un acteur ne parlant que d’une seule voix. Voilà qui est surprenant, car les porte-parole du mouvement et les représentants des partis politiques prenant part aux réunions internationales sont des personnes influentes et respectées.

Le Conseil national syrien (CNS), par exemple, est composé de telles personnes et est parvenu à obtenir une aide substantielle de plusieurs pays. Mais cette coalition n’est pas assez inclusive pour servir de représentant exclusif de l’opposition syrienne. Les tentatives d’élargir le CNS ont échoué en raison des réserves exprimées par certains groupes importants, comme le Forum démocratique, quant à la pertinence de joindre un organisme qui a recours à des bailleurs de fonds étrangers.

Il faut que l’opposition syrienne forme une organisation-cadre acceptée de tous, y compris les dirigeants de facto du secteur civil et des forces militaires rebelles qui se sont portés à l’avant au cours des 18 derniers mois. Ces groupes partagent déjà un objectif commun : abattre le régime d’Assad. La plupart d’entre eux (à l’exception de quelques groupuscules extrémistes) ont d’ailleurs espoir d’édifier un État syrien pacifique, inclusif et démocratique.

Les personnes influentes de l’opposition – comme Riad Seif, un ancien parlementaire et prisonnier politique, et l’ex-chef du CNS, Burhan Ghalioun – ont proposé des stratégies favorables à la création d’une telle organisation-cadre. Un « conseil de sages » qui ne cherchent pas à se faire élire dans des fonctions politiques pourrait ainsi superviser la création d’un conseil provisoire qui englobe tous les groupes concernés : les coalitions, les conseils militaires, les milieux d’affaires et les autorités religieuses.

Mais de tels plans n’ont pu se concrétiser, en raison de l’absence d’une culture de coopération. Étant donné que la majorité des Syriens a grandi dans un système profondément autoritaire, même ceux qui luttent pour instaurer un régime démocratique ont peu d’expérience dans l’art de former des coalitions. Sans compter que les candidats dans d’éventuelles élections démocratiques n’ont jamais vraiment été en mesure de jauger leur popularité. Ce qui fait en sorte que beaucoup d’entre eux surestiment leur influence actuelle et sont plus enclins à entrer dans une course au pouvoir qu’à coopérer.

Les chefs d’opposition de la Syrie ne doivent pas balayer leurs différents politiques sous le tapis pour gagner l’appui de la communauté internationale. Ils n’ont qu’à fonder un organe commun que tous les groupes concernés et impliqués peuvent accepter, au même titre que l’opposition libyenne l’a fait lorsqu’elle a mis sur pied son Conseil national de transition.

Ils doivent ensuite établir une autorité légitime au sein de la Syrie qui pourra assurer l’administration des zones libres, la distribution de l’aide et les services aux civils. Il serait plus aisé pour une telle autorité de transition que pour un groupe de rebelles en exil de faire appel à la communauté internationale lorsque le pays aura besoin d’aide.

La révolution syrienne est essentiellement une révolte civile et politique contre une dictature, celle du régime d’Assad qui finira par se faire dissoudre avec le temps. L’opposition doit commencer à jeter les bases d’un ordre nouveau qui reposent sur l’unité et la coopération. Ce seront sinon des groupuscules de partisans armés, soutenus, ou même manipulés par des agents de l’étranger, qui décideront du sort de la Syrie.

Traduit de l’anglais par Pierre Castegnier

Copyright Project Syndicate


Volker Perthes est président et directeur du Stiftung Wissenschaft und Politik, l’institut allemand pour la politique internationale et la sécurité, établi à Berlin.

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Engaging Boko Haram: Militarization, Mediation, or Both?

Image by notionscapital/Flickr.

Boko Haram has persistently defied all attempts by the Nigerian government to stop the violent spread of its activities from the northern part of the country, and sectarian violence and attacks have assumed new and dangerous dimensions in Africa’s most populous state. Nigerians are currently experiencing an era characterized by intensive military operations similar to those previously launched against Niger Delta militants, and an uncertain mood is prevailing which some have compared to the state of affairs during the Nigerian civil war.

Military regiments of the Joint Task Force (JTF) have been deployed across areas considered to be the country’s “geographies of terror,” from the cities of Maiduguri to Jos, and from Kano to Damaturu, the extent of which is reflected in unprecedented security expenditure figures rising to nearly a quarter of the national budget for 2012. In spite of these efforts, the first half of 2012 has seen a rise in the incidence of Boko Haram attacks. While armed action cannot be totally discounted, its utility as a single tactic has proved futile and has underscored the need for the Nigerian government to unify under a common goal and intensify its efforts at dialogue and mediation.

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Reviewing Pakistan’s Peace Deals with the Taliban

Former members of the Taliban surrender their weapons. Image by Fraidoon Poya for UNAMA.

By the end of 2014, normal U.S. combat forces are scheduled to withdraw from Afghanistan. As this departure date approaches, Afghanistan and its U.S.-led allies continue to explore potential peace deals with the Afghan Taliban. At the same time, the Pakistani government is reportedly considering its own peace talks with factions of the Pakistani Taliban—the conglomerate responsible for daily small-arms and suicide bomb attacks in Pakistani territory.

Since the emergence of the Pakistani Taliban, Islamabad has entered into a handful of peace deals with factions belonging to the group—both written and unwritten—in attempts to placate the militants. Most of these peace deals, however, resulted in the further strengthening of the Pakistani Taliban, and only a few of the agreements lasted beyond a few months. Violence flared not long after the agreements became effective, and the Pakistani Taliban then demanded even further concessions from the government. The only exception was the situation in the Swat Valley, where the government launched an aggressive military operation against the Pakistani Taliban after the peace deal failed to render any results. In that case, the Mullah Fazlullah-led Pakistani Taliban faction was forced to flee the Swat Valley, and that region remains in control of the government today.

This article reviews the key peace agreements reached between Islamabad and various Pakistani Taliban factions, and it assesses whether the deals achieved their objectives.

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Tajikistan: Potential Energy Boom Could be Geopolitical Game-Changer

Colorful Old Oil Barrels. Image by L.C.Nøttaasen/Flickr.

There’s a potentially huge story developing in Tajikistan: Central Asia’s poor cousin may be sitting atop a vast pool of oil and natural gas. Yet, no one in Dushanbe – neither government officials, nor energy company executives – seems eager to discuss the prospect of an energy boom.

In July, Tethys Petroleum announced that its development zone in southwestern Tajikistan could hold over 27 billion barrels of recoverable oil equivalent. The estimate, if accurate, would represent more than the remaining oil in United Kingdom’s North Sea field. In a July 19 press release, Tethys boss David Robson asserted that Tajikistan had “super-giant potential.”

It’s not just Tethys – a company listed on both the Toronto and London stock exchanges, and registered in the Cayman Islands – that seems to believe in Tajikistan’s energy-production potential. Russia’s state-controlled conglomerate Gazprom has already started drilling a 6,300-meter well to reach what it hopes to be more than 60 billion cubic meters of natural gas, while Australian-based Santos is starting seismic studies after acquiring a 70-percent share in Tajikistan’s Somon Oil.

But since that initial burst of fanfare announcing its potential oil find back in July, Tethys executives have become tight-lipped. Representatives of the company repeatedly declined to speak on the record to EurasiaNet.org on oil and gas-related issues in Tajikistan. Gazprom and Santos are similarly reticent.