Categories
International Relations Security Foreign policy

Friendless China

Irrawaddy River, courtesy of Bjorn Christian Torrissen /Wikimedia Commons

HONG KONG – At a time when China’s territorial assertiveness has strained its ties with many countries in the region, and its once-tight hold on Myanmar has weakened, its deteriorating relationship with North Korea, once its vassal, renders it a power with no real allies. The question now is whether the United States and other powers can use this development to create a diplomatic opening to North Korea that could help transform northeast Asia’s fraught geopolitics.

China’s ties with Myanmar began to deteriorate in late 2011, when Myanmar decided to suspend work on its largest and most controversial Chinese-aided project: the $3.6 billion Myitsone Dam, located at the headwaters of the Irrawaddy River. The decision shocked China, which had been treating Myanmar as a client state – one where it retains significant interests, despite today’s rift.

Categories
Uncategorized

El problema entre Japón y Obama

Photo: US Federal Government/Wikimedia Commons.

TOKIO – Cuando el mes pasado el primer ministro japonés, Shinzo Abe, visitó el polémico santuario Yasukuni en Tokio, los líderes chinos, previsiblemente, condenaron la decisión de honrar a los responsables de “la guerra de agresión contra China”. Pero la visita de Abe al santuario también fue un mensaje dirigido al principal aliado y protector de Japón: Estados Unidos. Cada vez más urgido por la renuencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a cuestionar los ensayos militares de China y sus ambiciones territoriales en Asia (de lo que da testimonio la reciente discrepancia entre Japón y Estados Unidos por la nueva “zona de identificación aérea” creada por China), Abe consideró necesario informar a ambos países que la autocontención no puede ser unilateral.

Para China y para Corea del Sur, el hecho de que el santuario Yasukuni incluya a catorce criminales de guerra clase A ejecutados después de la Segunda Guerra Mundial lo convierte en un símbolo elocuente del militarismo japonés de preguerra. Abe se abstuvo por mucho tiempo de visitar el santuario (tampoco fue allí durante su anterior período como primer ministro). Es muy probable que hubiera mantenido esa actitud si China no hubiera creado la zona de identificación aérea, que deja sentado un nuevo y ominoso precedente, al usurpar espacio aéreo internacional sobre el mar de China Oriental, incluidas áreas que China no controla. (Parece que Abe no tuvo en cuenta la posibilidad de que su peregrinación a Yasukuni le resultara útil a China, al profundizar las divisiones entre Corea del Sur y Japón.)

El gobierno de Obama venía presionando a Abe para que no agravara las tensiones regionales con una visita a Yasukuni, y el vicepresidente Joe Biden reiteró el pedido durante una escala que hizo hace poco en Tokio en medio de un viaje a Beijing. De hecho, la gira de Biden profundizó las inquietudes de Japón por su seguridad, porque dejó de manifiesto el interés de Estados Unidos en equilibrar sus relaciones en Asia Oriental, incluso si ello supone tolerar a una China expansionista como equivalente en términos estratégicos a su aliado Japón.

En vez de posponer el viaje de Biden a Beijing en protesta por la nueva zona de identificación aérea impuesta por China, Estados Unidos aconsejó a sus empresas de aviación comerciales respetar la exigencia china de informar por adelantado de sus planes de vuelo en la zona, mientras que Japón pidió a las suyas que la ignoren. Al pedir autocontención a los japoneses, Estados Unidos alentó sus temores, sin obtener ninguna concesión de China.

La brecha creciente entre Estados Unidos y Japón ya es inocultable. Abe sintió como una traición la falta de firmeza de Obama frente a la creación de la zona de identificación aérea (que es el último en una serie de actos agresivos de China tendientes a alterar el statu quo del mar de China Oriental). Por su parte, el gobierno de Estados Unidos criticó la visita de Abe a Yasukuni en forma abierta (e inusitada), y su embajada en Japón declaró que Estados Unidos “lamenta que el gobierno japonés haya dado un paso que agravará las tensiones con los vecinos de Japón”.

Estos reproches no implican que la alianza entre Estados Unidos y Japón (de la que depende la avanzada militar de Estados Unidos en Asia) corra riesgo en lo inmediato. Japón sigue siendo un aliado modelo, que alberga en su territorio un gran número de tropas estadounidenses e incluso se hace cargo del costo de su mantenimiento. De hecho, la visita de Abe a Yasukuni se produjo apenas un día después de cerrar un arduo acuerdo bilateral impulsado por Estados Unidos para reubicar una base aérea estadounidense en Okinawa a una zona menos poblada de la isla. Además, Abe apoya el ingreso de Japón al Acuerdo Transpacífico, el nuevo bloque comercial patrocinado por Estados Unidos para la región, del que China está excluida.

Sin embargo, entre los gobiernos de Abe y Obama se ha ido desarrollando una grieta psicológica. Estados Unidos protesta por la actitud nacionalista de Abe frente a China y Corea del Sur, y los funcionarios japoneses ya no ocultan su intranquilidad por los intentos de Obama de hallar un equilibrio entre los compromisos de Estados Unidos con sus aliados y sus deseos de fortalecer sus relaciones con China. Biden dedicó a conversaciones con el presidente chino Xi Jinping más del doble de tiempo que le dedicó a Abe.

La paradoja está en que si bien la preocupación por la creciente asertividad china contribuyó a llevar a Estados Unidos otra vez al centro de la escena geopolítica asiática y a reforzar sus acuerdos de defensa en la región, no se tradujo en acciones dirigidas a refrenar las políticas expansionistas de China. Como consecuencia, Japón duda cada vez más de la voluntad de Estados Unidos de apoyarlo militarmente en el supuesto de que China lanzara un ataque sobre las islas Senkaku/Diaoyu, controladas por Japón. Y tampoco ayuda la retórica contradictoria del gobierno de Obama, al afirmar que el tratado de defensa entre Japón y Estados Unidos incluye las Senkaku y al mismo tiempo negarse a tomar partido en relación con la soberanía de las islas.

Japón vio un llamado de atención en la inacción de Obama en 2012, cuando China ocupó el arrecife de Scarborough, dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas. Buscando poner fin a un altercado entre ambos países por el control de la zona, Estados Unidos patrocinó un acuerdo para que los dos retiraran sus buques del área. Pero cuando Filipinas se retiró, China ocupó el arrecife y Estados Unidos no reaccionó, a pesar del acuerdo de defensa mutua que tiene con Filipinas. Esto envalentonó a China, que tomó control efectivo de otro arrecife reclamado por Filipinas en la zona de las disputadas islas Spratly.

Diversos factores, como la distancia geográfica y la interdependencia económica, hacen que Estados Unidos no quiera quedar atrapado en estas disputas territoriales asiáticas. Además, y a diferencia de los países de la región, Estados Unidos podría tolerar una versión china de la “doctrina Monroe” por la cual China se opusiera a cualquier intervención extranjera en Asia. Pero la neutralidad estadounidense en estos conflictos de soberanía amenaza con debilitar sus alianzas de defensa bilaterales (que en la práctica colaboran con los intereses chinos, al evitar que países como Japón se vuelquen al militarismo).

El juego de equilibrios al que se dedica el gobierno de Obama en Asia impide ver que las últimas acciones de China son un ensayo de poder a escala más amplia. Lo que está en juego no es simplemente un conjunto de islas en los mares de China Oriental y Meridional, sino un orden regional basado en reglas, la libertad de navegación de los mares y los cielos, el acceso a los recursos marítimos y el equilibrio de la dinámica de poderes en Asia.

Con su política que hace sentir inseguros a los japoneses, Estados Unidos corre el riesgo de provocar exactamente lo que intenta evitar: el regreso de Japón al militarismo.

Traduit de l’anglais par Patrice Horovitz.

Copyright Project Syndicate


Brahma Chellaney est professeur d’études stratégiques au Centre de recherche politique à New-Delhi.


For additional reading on this topic please see:

Innovation, the ‘Third Arrow’ and US-Japan Relations
Japan’s Defence Engagement: Implications of Abe’s Yasukuni Visit
Transatlantic Interests in Asia


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Weekly Dossiers and Security Watch.

Categories
Security Foreign policy Regional Stability

Japan’s Obama Problem

Photo: US Federal Government/Wikimedia Commons.

TOKYO – When Japanese Prime Minister Shinzo Abe visited Tokyo’s controversial Yasukuni Shrine last month, Chinese leaders predictably condemned his decision to honor those behind “the war of aggression against China.” But Abe was also sending a message to Japan’s main ally and defender, the United States. Faced with US President Barack Obama’s reluctance to challenge China’s muscle-flexing and territorial ambitions in Asia – reflected in Japan’s recent split with the US over China’s new Air Defense Identification Zone (ADIZ) – an increasingly desperate Abe was compelled to let both countries know that restraint cannot be one-sided.

For China and South Korea, the Yasukuni Shrine’s inclusion of 14 Class A war criminals who were executed after World War II has made it a potent symbol of Japan’s prewar militarism, and Abe had long refrained from visiting it – including during his previous stint as prime minister. He may well have maintained that stance had China not established the ADIZ, which set an ominous new precedent by usurping international airspace over the East China Sea, including areas that China does not control. (Abe does not appear to have considered the possibility that his pilgrimage to Yasukuni might end up helping China by deepening South Korea’s antagonism toward Japan.)

Categories
Uncategorized

Le Japon et les dangers du rééquilibrage américain en Asie

Photo: US Federal Government/Wikimedia Commons.

TOKYO – Comme on pouvait s’y attendre, y voyant un hommage à ceux qui étaient derrière “la guerre d’agression contre la Chine”, les dirigeants chinois ont condamné la visite le mois dernier du Premier ministre Shinzo Abe au sanctuaire controversé de Yasukuni à Tokyo. Mais confronté à la réticence du président Obama à réagir à l’attitude menaçante de la Chine et à ses ambitions territoriales en Asie – comme le montrent les réactions opposées du Japon et des USA face à la nouvelle Zone d’identification de défense aérienne (ADIZ) décrétée par la Chine – Abe a également voulu par sa visite adresser un message aux USA, le principal allié et défenseur du Japon. Se sentant acculé, il voulait leur signifier, ainsi qu’à la Chine, que la modération ne peut être unilatérale.

Pour la Chine et la Corée du Sud, la présence dans le sanctuaire de Yasukuni de 14 criminels de guerre exécutés après la Deuxième Guerre mondiale fait de ce lieu un symbole fort du militarisme japonais dans la période qui a précédé la guerre. Aussi pendant longtemps Abe s’est-il abstenu de s’y rendre (notamment lors de son précédent mandat en tant que Premier ministre). Il aurait probablement maintenu cette attitude si la Chine n’avait créé un fâcheux précédent en établissant une ADIZ au-dessus de la mer de Chine orientale, dans l’espace aérien international et dans des zones dont le contrôle ne lui revient pas. Abe ne semble pas avoir envisagé que son pèlerinage à Yasukuni puisse aider la Chine à renforcer l’hostilité de la Corée du Sud à l’égard de son pays.

Le gouvernement d’Obama a fait pression sur Abe pour qu’il n’exacerbe pas les tensions régionales en se rendant à Yasukuni – une demande réitérée récemment par le vice-président Joe Biden lors d’une escale à Tokyo en route vers Pékin. La visite en Chine de Biden a accru les inquiétudes japonaises concernant la sécurité, car elle soulignait le désir des USA de rééquilibrer leurs relations en Asie de l’Est, même s’il leur faut tolérer pour cela l’expansionnisme chinois comme l’équivalent stratégique de leur alliance avec le Japon.

Au lieu de suspendre le déplacement de Biden à Pékin en signe de désapprobation à l’égard de la nouvelle Zone d’identification de défense aérienne décrétée par la Chine, les USA ont demandé à leurs compagnies aériennes de la respecter, alors que le Japon a demandé aux siennes de l’ignorer et de ne pas transmettre à la Chine leurs plans de vols dans la zone. En appelant les Japonais à la modération, les USA ont alimenté leur inquiétude, sans obtenir une quelconque concession de la part de la Chine.

Le fossé croissant entre les USA et le Japon est maintenant apparent. Abe estime qu’Obama le laisse tomber en ne prenant pas une position ferme sur la Zone d’identification de défense aérienne – la dernière d’une série de provocations chinoises pour mettre fin au statu quo en mer de Chine orientale. Pour leur part, de manière inhabituelle, les USA ont ouvertement critiqué la visite d’Abe à Yasukuni, leur ambassade au Japon publiant une déclaration exprimant leur déception de constater qu’il “a entrepris une action qui exacerbera les tensions avec les voisins du Japon”.

Ce genre de protestation ne signifie pas que l’alliance américano-nipponne, le pilier de l’extension du déploiement militaire américain en Asie, est en danger immédiat. Le Japon reste un allié modèle qui abrite une présence militaire américaine importante et va jusqu’à payer l’entretien des forces américaines sur son sol. La visite d’Abe à Yasukuni a eu lieu un jour seulement après qu’il soit parvenu à un accord bilatéral pour déplacer la base aérienne américaine d’Okinawa vers une zone moins peuplée de l’île, à l’issue de tractations longues et difficiles. Abe est également favorable à la participation du Japon au Partenariat transpacifique, un bloc commercial régional émergent qui n’inclut pas la Chine.

Néanmoins le fossé psychologique entre les gouvernements Abe et Obama s’est creusé peu à peu. Tandis que les USA s’inquiètent de la posture nationaliste du Japon vis à vis de la Chine et de la Corée du Sud, les dirigeants nippons ne cachent plus leur inquiétude face à la stratégie politique d’Obama qui cherche un nouvel équilibre entre son engagement à l’égard du Japon et son désir d’améliorer les relations sino-américaines. Biden a passé deux fois plus de temps à discuter avec le président chinois Xi Jinping qu’avec Abe.

Il est paradoxal de constater que si l’inquiétude engendrée par le durcissement de la position chinoise a ramené les USA au centre du jeu géopolitique asiatique et favorisé le renforcement de leurs alliances de sécurité dans la région, cela n’a pas conduit à des mesures destinées à modérer l’expansionnisme chinois. C’est pourquoi le Japon est maintenant sceptique quant à la volonté américaine de le défendre militairement en cas d’attaque chinoise contre les îles Senkaku (appelées Diaoyu par la Chine) qui sont sous son contrôle. Les déclarations contradictoires du gouvernement américain affirmant que le traité de sécurité américano-nippon couvre ces îles tout en refusant de prendre position sur leur souveraineté renforcent ce scepticisme.

La passivité d’Obama en 22012 lorsque la Chine a fait acte de présence au-dessus des fonds marins de Scarborough dans la zone économique exclusive des Philippines a servi de réveil pour le Japon. Pour essayer de mettre fin à un face à face tendu, les USA ont négocié un accord entre les deux pays qui acceptaient de retirer leurs navires de la zone. Mais après le retrait philippin de la zone, la Chine y a réinstallé des navires, et malgré le traité de défense mutuelle entre les USA et les Philippines, les USA n’ont guère réagi. Enhardie, la Chine s’est installée sur une autre zone marine revendiquée par les Philippines, située dans les îles Spratley qui sont l’objet d’une dispute territoriale.

Des paramètres tels que la distance géographique et l’interdépendance économique font que les USA sont réticents à s’empêtrer dans des conflits territoriaux en Asie. Et contrairement aux pays asiatiques, ils ne pâtiraient pas d’une “doctrine Monroe” de la Chine déclarant qu’elle n’acceptera pas d’intervention extérieure en Asie. Mais la neutralité américaine dans les conflits de souveraineté pourrait miner ses accords bilatéraux de sécurité. Or en empêchant des pays comme le Japon de se militariser, ces accords servent en réalité les intérêts chinois.

Le rééquilibrage américain en Asie masque le test de sa propre puissance réalisé par la Chine avec ses récentes actions. Ce n’est pas seulement la souveraineté sur les îles de mer de Chine orientale et de mer de Chine méridionale qui est en jeu, mais un ordre régional basé sur des règles, la liberté de navigation dans les airs et sur les mers de la région, l’accès aux ressources maritimes et une dynamique du pouvoir équilibrée en Asie.

En alimentant le sentiment d’insécurité du Japon, les USA risquent de susciter un retour du militarisme – le résultat inverse de celui qu’ils recherchent.

Traduit de l’anglais par Patrice Horovitz.

Copyright Project Syndicate


Brahma Chellaney est professeur d’études stratégiques au Centre de recherche politique à New-Delhi.


For additional reading on this topic please see:

Innovation, the ‘Third Arrow’ and US-Japan Relations
Japan’s Defence Engagement: Implications of Abe’s Yasukuni Visit
Transatlantic Interests in Asia


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Weekly Dossiers and Security Watch.

 

Categories
Uncategorized

اليابان ومشكلة أوباما

Photo: US Federal Government/Wikimedia Commons.

طوكيو ــ عندما قام رئيس الوزراء الياباني شينزو آبي في الشهر الماضي بزيارة ضريح ياسوكوني المثير للجدال في طوكيو، أدان قادة الصين، كما كان متوقعا، قراره بتكريم أولئك الذين كانوا وراء “الحرب العدوانية ضد الصين”. ولكن آبي كان بهذا يبعث أيضاً برسالة إلى حليفة اليابان الرئيسية والمدافعة عنها الولايات المتحدة. ففي مواجهة إحجام الرئيس الأميركي باراك أوباما عن التصدي لاستعراض الصين لعضلاتها وطموحاتها الإقليمية في آسيا ــ والذي انعكس في اختلاف اليابان مؤخراً مع الولايات المتحدة بشأن منطقة تعريف الدفاع الجوي الصينية الجديدة ــ اضطر آبي اليائس على نحو متزايد إلى إبلاغ البلدين بطريقته بأن ضبط النفس لا يكون من جانب واحد.

من منظور الصين وكوريا الجنوبية فإن احتواء ضريح ياسوكوني على 14 من عتاة مجرمي الحرب الذين أعدموا بعد الحرب العالمية الثانية يجعل من هذا الضريح رمزاً قوياً للنزعة العسكرية اليابانية في فترة ما قبل الحرب، وقد امتنع آبي لفترة طويلة عن زيارته ــ بما في ذلك أثناء فترته السابقة في منصب رئيس الوزراء. وربما كان آبي ليظل على امتناعه ذاك لو لم تبادر الصين إلى إنشاء منطقة الدفاع الجوي تلك، والتي تؤسس لسابقة جديدة مشؤومة متمثلة في اغتصاب المجال الجوي فوق بحر الصين الشرقي، بما في ذلك مناطق لا تسيطر عليها الصين. (ويبدو أن آبي لم يراع أن حجه إلى ضريح ياسوكوني ربما ينتهي إلى مساعدة الصين بتعميق خصومة كوريا الجنوبية تجاه اليابان).

كانت إدارة أوباما تضغط على آبي لمنعه من تأجيج التوترات الإقليمية بزيارة ياسوكوني ــ المناشدة التي كررها نائب الرئيس جو بايدن خلال توقفه مؤخراً في طوكيو في طريقه إلى بكين. والواقع أن رحلة بايدن كانت سبباً في تعميق مخاوف اليابان الأمنية، لأنها أبرزت التركيز الأميركي على موازنة علاقاتها في شرق آسيا، حتى لو كان ذلك يعني التسامح مع الصين التوسعية باعتبارها المعادل الاستراتيجي لليابان الحليفة.

وبدلاً من تأجيل رحلة بايدن إلى بكين لإظهار عدم الموافقة على منطقة الدفاع الجوي الصينية الجديدة، نصحت الولايات المتحدة شركات الطيران التجارية التابعة لها باحترام تلك المنطقة، في حين طلبت اليابان من شركاتها أن تتجاهل مطالبة الصين لها بتقديم خطط رحلاتها عبر المنطقة مقدما. وبمطالبة اليابان بضبط النفس، أثارت الولايات المتحدة قلقها من دون الفوز بأية تنازلات من قِبَل الصين.

والآن، باتت هوة الخلاف المتزايدة الاتساع بين الولايات المتحدة واليابان واضحة بشكل صارخ. إذ يشعر آبي بأن أوباما خذله عندما قرر عدم اتخاذ موقف حازم من منطقة الدفاع الجوي الصينية الجديدة ــ الحلقة الأحدث في سلسلة من التحركات العدوانية من قِبَل الصين لقلب الوضع الراهن في بحر الصين الشرقي. ومن جانبها، انتقدت حكومة الولايات المتحدة زيارة آبي لضريح ياسوكوني علنا ــ وعلى نحو غير معهود ــ وأصدرت سفارتها في اليابان بياناً قالت فيه إن الولايات المتحدة “شعرت بخيبة الأمل إزاء هذا التحرك من قِبَل الزعامة اليابانية والذي من شأنه أن يؤدي إلى تفاقم التوترات مع جيران اليابان”.

ولا تعني مثل هذه الاتهامات أن التحالف بين الولايات المتحدة واليابان ــ الذي يشكل حجر الأساس للانتشار العسكري الأميركي في آسيا ــ معرض لخطر داهم. فاليابان لا تزال الحليف النموذجي الذي يستضيف وجوداً عسكريا أميركياً ضخما، حتى أنها تتحمل تكاليف إبقاء القوات الأميركية على أراضيها. والواقع أن زيارة آبي لضريح ياسوكوني جاءت بعد يوم واحد من إتمامه للاتفاق الثنائي الصعب الذي دعمته الولايات المتحدة لنقل القاعدة الجوية الأميركية في أوكيناوا إلى منطقة أقل اكتظاظاً بالسكان على الجزيرة. وهو يؤيد دخول اليابان في اتفاقية الشراكة عبر المحيط الهادئ التي تقودها الولايات المتحدة، والتي تُعَد كتلة تجارية إقليمية ناشئة وسوف تستبعد الصين.

ورغم هذا فإن الصدع النفسي بين إدارة آبي وإدارة أوباما كان في اتساع تدريجي. ففي حين تشعر الولايات المتحدة بالغضب إزاء موقف آبي القومي في مواجهة الصين وكوريا الجنوبية، فإن المسؤولين اليابانيين توقفوا عن محاولة إخفاء عدم ارتياحهم إزاء الجهود التي يبذلها أوباما لإيجاد التوازن بين الالتزامات التي يفرضها التحالف بين البلدين ورغبة إدارته في تحسين العلاقات الصينية الأميركية. وقد أمضى بايدن في مناقشة الرئيس الصيني شي جين بينج أكثر من ضعف الوقت الذي أمضاه في مناقشة آبي.

وتكمن المفارقة هنا في أنه برغم عودة الولايات المتحدة إلى قلب العملية الجيوسياسية في آسيا بدافع من قلقها إزاء عدوانية الصين المتنامية وبرغم تمكنها من تعزيز ترتيباتها الأمنية في المنطقة، فإن هذا لم يدفعها إلى التحرك بهدف قمع سياسات الصين التوسعية. ونتيجة لهذا، أصبحت اليابان متشككة حول مدى استعداد أميركا لدعمها عسكرياً في حال شنت الصين هجوماً على جزر سينكاكو التي تسيطر عليها اليابان (والتي تسمى جزر دياويو في الصين). وكان خطاب إدارة أوباما المتناقض ــ الذي يؤكد على أن المعاهدة الأمنية بين الولايات المتحدة واليابان تغطي جزر سينكاكو، في حين يرفض اتخاذ موقف بشأن السيادة على هذه الجزر ــ سبباً في زيادة الطين بلة.

وكان جرس الإنذار بالنسبة لليابان عندما تقاعس أوباما عن التحرك في عام 2012 عندما وضعت الصين يدها على سكاربورو شول، التي تشكل جزئاً من المنطقة الاقتصادية الخالصة للفلبين. وفي محاولة لإنهاء المواجهة المتوترة، توسطت الولايات المتحدة في اتفاق وافق البلدان بموجبه على سحب سفنهما البحرية من المنطقة. ولكن بعد انسحاب الفلبين، احتلت الصين المنطقة من جديد ــ وعلى الرغم من معاهدة الدفاع المشتركة بين الولايات المتحدة والفلبين فإن الولايات المتحدة لم تحرك ساكناً تقريباً في الرد على الصين. وكان هذا سبباً في تشجيع الصين فعلياً على الاستيلاء على مجموعة جزر ضحلة أخرى تطالب الفلبين بالسيادة عليها، وهي جزء من جزر سبراتلي المتنازع عليها.

الواقع أن بعض العوامل مثل المسافة الجغرافية والترابط الاقتصادي جعلت الولايات المتحدة متخوفة من التورط في النزاعات الإقليمية في آسيا. وخلافاً للبلدان الآسيوية فإن أميركا لن تعاني حقاً من “مبدأ مونرو” الصيني والذي تعلن الصين بموجبه أنها لن تقبل بأي تدخل خارجي في آسيا. ولكن الحياد الأميركي إزاء النزاعات على السيادة يهدد بتقويض تحالفاتها الأمنية الثنائية (والتي بمنعها لبلدان مثل اليابان من التحول نحو النزعة العسكرية تخدم مصالح الصين في واقع الأمر).

إن محاولات إدارة أوباما لموازنة مواقفها في آسيا تشوش على الاختبار الأوسع للقوة والذي يتجسد في تحركات الصين الأخيرة. ولكن ما أصبح على المحك الآن ليس مجرد مجموعة من الجزر الصغيرة في بحر الصين الشرقي وبحرها الجنوبي، بل النظام الإقليمي القائم برمته، وحرية الملاحة في البحار والسماء، والقدرة على الوصول إلى الموارد البحرية، وديناميكيات توازن القوى في آسيا.

وبتأجيج شعور اليابان بانعدام الآمان فإن السياسة الأميركية تهدد بإحداث نفس النتيجة التي تسعى إلى منعها ــ العودة إلى النزعة العسكرية.

ترجمة: أمين علي  Translated by: Amin Ali

Copyright Project Syndicate


براهما تشيلاني أستاذ الدراسات الاستراتيجية في مركز أبحاث السياسة الذي يتخذ من نيودلهي مقراً له.


For additional reading on this topic please see:

Innovation, the ‘Third Arrow’ and US-Japan Relations
Japan’s Defence Engagement: Implications of Abe’s Yasukuni Visit
Transatlantic Interests in Asia


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Weekly Dossiers and Security Watch.