Verdes desde la base

Aerial view of the Amazon Rainforest
Aerial view of the Amazon Rainforest. Photo: CIFOR/flickr.

BLOOMINGTON – Hay mucho en juego en Cumbre de Río +20 de las Naciones Unidas. Muchos la consideran un “Plan A para el Planeta Tierra” y quieren que los líderes se comprometan a un acuerdo único internacional para proteger nuestro sistema de sustento de la vida, evitando así una crisis humanitaria mundial.

La falta de acción en Río sería un desastre, pero un acuerdo internacional único sería un grave error. No podemos depender de políticas globales en singular para resolver el problema de la gestión de nuestros recursos comunes: los océanos, la atmósfera, los bosques, las vías fluviales y la rica diversidad de manifestaciones naturales que se combinan para crear las condiciones adecuadas para el desarrollo de la vida, incluida la de siete mil millones de seres humanos.

Nunca habíamos tenido que lidiar con problemas de la escala que enfrenta la sociedad global interconectada de hoy. Nadie sabe a ciencia cierta lo que va a acabar por funcionar, por lo que es importante construir un sistema que pueda evolucionar y adaptarse rápidamente.

Décadas de investigación demuestran que una variedad de políticas superpuestas a niveles urbano, subnacional, nacional e internacional tiene más probabilidades de éxito que acuerdos individuales vinculantes que abarcan mucho a la vez. Un enfoque evolutivo de este tipo para la formulación de políticas genera redes esenciales de seguridad en caso de que una o más no funcione.

La buena noticia es que esta formulación evolutiva de políticas ya se está produciendo de forma orgánica. Ante la carencia de leyes nacionales e internacionales eficaces para reducir los gases de efecto invernadero, cada vez más autoridades urbanas están actuando para proteger a sus ciudadanos y economías.

Esto no tiene nada de sorprendente y, de hecho, se debería alentar.

La mayoría de las ciudades se ubican en costas, a ambas orillas de un río o en posiciones vulnerables en deltas, lo que las pone en la línea directa del ascenso del nivel del mar y las inundaciones en las próximas décadas. Adaptarse es una necesidad. Pero, puesto que las ciudades son responsables por el 70% del total mundial de gases de invernadero, es mejor atenuar el nivel de emisiones.

Cuando se trata de luchar contra el cambio climático, Estados Unidos no ha producido ningún mandato federal que exija de forma explícita o siquiera promueva metas de reducción de emisiones. Pero, para mayo del año pasado, unos 30 estados habían desarrollado sus propios planes de acción climática, y más de 900 ciudades estadounidenses han adherido al acuerdo de protección del clima de EE.UU.

Esta diversidad de base en la formulación de políticas verdes tiene sentido económico. Las “ciudades sostenibles” atraen a personas creativas y cultas que quieren vivir en un ambiente sin contaminación, urbano y moderno que corresponda mejor a su estilo de vida. Esta es la raíz del crecimiento del futuro. Igual que al actualizar un teléfono móvil, cuando la gente vea los beneficios, descartará al instante los modelos antiguos.

Por supuesto, la verdadera sostenibilidad va más allá de control de la contaminación. Los urbanistas deben mirar más allá de los límites municipales y analizar los flujos de recursos, (energía, alimentos, agua y las personas) dentro y fuera de sus ciudades.

A nivel mundial, estamos viendo un heterogéneo conjunto de ciudades que interactúan de un modo que podría influir fuertemente sobre cómo ha de evolucionar todo el sistema de sustento de vida en la Tierra. Son ciudades que aprenden unas de las otras, perfeccionando las buenas ideas y desechando las malas. Los Ángeles demoró décadas en implementar controles de la polución, pero otras ciudades, como Beijing, los adoptaron rápidamente al ver los beneficios. Es posible que en las próximas décadas veamos el surgimiento de un sistema global e interconectado de ciudades sostenibles. Si tiene éxito, todo el mundo querrá unirse al club.

Fundamentalmente, este es el enfoque adecuado para la gestión del riesgo y el cambio sistémico en sistemas interconectados complejos, y para el éxito de la gestión de los recursos comunes, aunque todavía falta para que haga mella en el aumento inexorable de las emisiones mundiales de gases de invernadero.

Río +20 se celebra en un momento crucial, y sin duda es importante. Durante 20 años, el desarrollo sostenible se ha visto como un ideal hacia el cual apuntar. Sin embargo, la primera Declaración sobre el estado del planeta, publicada en el reciente mega-encuentro científico Planeta bajo presión, dejó en claro que la sostenibilidad es hoy un requisito indispensable para todo desarrollo futuro. La sostenibilidad a niveles locales y nacionales tiene que acabar por ser equivalente a la sostenibilidad global. Esta idea debe ser la piedra angular de las economías nacionales y constituir el tejido de nuestras sociedades.

El objetivo ahora debe ser situar la sostenibilidad en el ADN de nuestra sociedad mundial e interconectada. El tiempo es el recurso natural más escaso, por lo que la Cumbre de Río debe convertirse en un catalizador. Lo que necesitamos son objetivos de desarrollo sostenible universales en temas como la energía, la seguridad alimentaria, la sanidad, la planificación urbana y la erradicación de la pobreza, al tiempo que reducimos las desigualdades dentro del planeta.

Como una manera de lidiar con los problemas globales, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU han tenido éxito donde otras iniciativas han fracasado. Aunque no todos los ODM se cumplan en la fecha prevista de 2015, podemos aprender mucho de la experiencia.

Establecer objetivos puede ayudar a superar la inercia, pero todos deben participar en ello: los países, estados, ciudades, organizaciones, empresas y personas de todos los rincones del mundo. El éxito dependerá del desarrollo de muchas políticas superpuestas para lograr los objetivos.

Contamos con una década para actuar antes de que el coste económico de las actuales soluciones viables se vuelva demasiado alto. Si no actuamos, corremos el riesgo de que se produzcan cambios catastróficos y quizá irreversibles en nuestro sistema de sustento de la vida. Nuestro objetivo principal debe ser asumir la responsabilidad planetaria de este riesgo, en lugar de poner en peligro el bienestar de las generaciones futuras.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Copyright Project Syndicate


Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía, fue Asesora Científica en Jefe de la conferencia “Planeta bajo presión” y es profesora de Ciencias Políticas y Directora de Investigación Superior del Taller de Teoría Política y Análisis de Políticas de la Universidad de Indiana.

 

For further information on the topic, please view the following publications from our partners:

UNCSD Rio 2012: Twenty Years of Sustainability Policies – Now Put into Practice?

Separated at Birth, Reunited in Rio? A Roadmap to Bring Environment and Development Back Together

Green Economy and Sustainable Development: Bringing Back the Social Dimension


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Security Watch and Editorial Plan.

La politique verte doit être impulsée de la base

Aerial view of the Amazon Rainforest
Aerial view of the Amazon Rainforest. Photo: CIFOR/flickr.

BLOOMINGTON – Beaucoup de choses dépendent du sommet de la Terre Rio +20 organisé par l’ONU. Une grande partie de l’opinion publique le considère comme un plan A pour sauver la planète et espère que les dirigeants parviendront à un accord international unique pour protéger l’écosystème qui maintient la vie sur Terre et éviter une crise humanitaire mondiale.

Un échec de Rio serait désastreux, mais un accord international unique serait une grave erreur. On ne peut s’appuyer sur une politique universelle pour résoudre le problème de la gestion des ressources communes : les océans, l’atmosphère, les forêts, les voies d’eau et toute la diversité de la biosphère qui entretiennent les conditions nécessaires à la vie, dont celle des sept milliards d’êtres humains.

Nos sociétés interconnectées sont confrontées aujourd’hui à des problèmes d’une échelle inégalée. Personne ne sait avec certitude quelle est la solution, il faut donc construire un système capable d’évoluer et de s’adapter rapidement.

Des dizaines d’années de recherche montrent qu’un éventail de mesures évolutives, complémentaires au niveau urbain, régional, national et international a plus de chance de réussir qu’un accord universel et contraignant, car il permettrait de disposer d’un recours en cas d’échec de certaines de ces mesures.

Par chance, cette stratégie commence à se mettre en place spontanément. En l’absence de législation efficace au niveau national et international pour limiter les émissions de gaz à effet de serre, de plus en plus de villes prennent des mesures destinées à protéger leur population et leur économie. Ce n’est pas surprenant et c’est une évolution à encourager.

La plupart des grandes villes sont situées sur une façade maritime, à proximité d’une rivière ou d’un delta vulnérable, ce qui les met en première ligne en cas d’inondation ou d’élévation du niveau de la mer au cours des prochaines décennies. Elles doivent s’y préparer, mais étant à 70% responsables des émissions de gaz à effet de serre, il vaut mieux qu’elles agissent pour les diminuer.

Les USA n’ont pas de législation fédérale qui fixe explicitement des objectifs en matière de réduction des émissions de gaz à effet de serre pour lutter contre le réchauffement climatique. Pourtant en mai 2011 une trentaine de villes américaines avaient développé leur propre plan d’action et elles étaient plus de 900 à avoir signé l’accord des maires américains sur la protection du climat.

Cette diversité au niveau de la base en faveur d’une “politique verte” est judicieuse sur le plan économique. Les villes engagées dans le développement durable attirent les citoyens créatifs et éduqués qui souhaitent vivre dans un environnement moderne et non pollué qui réponde à leur style de vie. C’est là que réside le potentiel de croissance de demain. Nous changerons de modèle de développement en un clin d’œil, de la même manière que l’on se débarrasse d’un vieux téléphone portable pour un modèle plus performant lorsqu’on en voit l’utilité.

Certes le développement durable suppose davantage que la lutte contre la pollution. Les planificateurs urbains doivent regarder au-delà des limites de leur ville pour analyser les flux de ressources (énergie, alimentation, eau et population) qui y entrent et qui en sortent.

Un ensemble hétérogène de grandes villes à travers le monde interagissent pour influer de manière décisive sur l’évolution de l’écosystème. Elles partagent leur expérience, utilisent les bonnes idées et en abandonnent d’autres. Il a fallu des dizaines d’années à Los Angeles pour mettre en oeuvre un contrôle de la pollution, alors que d’autres villes comme Pékin l’ont fait rapidement quand elles en ont vu le bénéfice. Dans les décennies à venir, nous verrons peut-être l’émergence d’un système mondial d’interconnexion des villes qui ont opté pour le développement durable. Et en cas de succès, tout le monde voudra s’y joindre.

Fondamentalement, c’est la bonne stratégie pour gérer le risque systémique et le changement à l’intérieur de systèmes complexes interconnectés et pour gérer les ressources communes – même si cela n’a pas encore freiné la montée inexorable des émissions de gaz à effet de serre.

Le sommet Rio +20 est d’une importance cruciale, il se tient à un moment critique. Depuis 20 ans le développement durable est considéré comme un idéal à atteindre. Mais la première Déclaration sur l’état de la planète publiée lors de la récente méga-conférence internationale Planète sous pression montre que le développement durable est le seule envisageable à long terme. Le développement durable au niveau local et national doit se combiner au développement durable au niveau global. Cette idée doit constituer la pierre angulaire des économies nationales et constituer l’essence même de nos sociétés.

Il faut maintenant inscrire le développement durable dans l’ADN de nos sociétés interconnectées. Le temps est la première ressource naturelle en voie d’épuisement, c’est pourquoi le sommet de Rio doit galvaniser le monde. Nous devons fixer des objectifs universels en terme de développement durable sur des questions telles que l’énergie, la sécurité alimentaire, les conditions sanitaires, la planification urbaine et l’éradication de la pauvreté, tout en réduisant les inégalités à la surface de la planète.

A titre d’exemple face aux problèmes globaux, les Objectifs de développement pour le millénaire de l’ONU ont réussi là où d’autres initiatives ont échoué. Tous ces objectifs ne seront pas atteints en 2015, date initialement prévue, mais l’expérience est riche en enseignement.

Se fixer des objectifs permet de vaincre l’inertie, mais il doit y avoir un enjeu pour toutes les parties qui participent à leur élaboration, qu’il s’agisse de pays, de villes, d’organisations, d’entreprises ou d’individus où que ce soit. Le succès dépendra du développement de mesures coordonnées pour y parvenir.

Il nous reste une décennie avant que le coût économique des solutions actuelles ne devienne trop élevé. Si nous n’agissons pas, nous nous exposons à des changements catastrophiques et peut-être irréversibles de l’écosystème. Notre premier objectif doit être de traiter ce risque à l’échelle de la planète, plutôt que de mettre en danger le bien-être des générations futures.

Traduit de l’anglais par Patrice Horovitz

Copyright Project Syndicate


Elinor Ostrom, prix Nobel d’économie, est professeur de sciences politiques et co-directeur de recherche de l’atelier de théorie politique et d’analyse des politiques à l’université de l’Indiana. Il était conseiller scientifique de la conférence Planète sous pression.

For further information on the topic, please view the following publications from our partners:

UNCSD Rio 2012: Twenty Years of Sustainability Policies – Now Put into Practice?

Separated at Birth, Reunited in Rio? A Roadmap to Bring Environment and Development Back Together

Green Economy and Sustainable Development: Bringing Back the Social Dimension


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Security Watch and Editorial Plan.

Green from the Grassroots

Aerial view of the Amazon Rainforest
Aerial view of the Amazon Rainforest. Photo: CIFOR/flickr.

BLOOMINGTON – Much is riding on the United Nations Rio+20 summit. Many are billing it as Plan A for Planet Earth and want leaders bound to a single international agreement to protect our life-support system and prevent a global humanitarian crisis.

Inaction in Rio would be disastrous, but a single international agreement would be a grave mistake. We cannot rely on singular global policies to solve the problem of managing our common resources: the oceans, atmosphere, forests, waterways, and rich diversity of life that combine to create the right conditions for life, including seven billion humans, to thrive.

We have never had to deal with problems of the scale facing today’s globally interconnected society. No one knows for sure what will work, so it is important to build a system that can evolve and adapt rapidly.

Decades of research demonstrate that a variety of overlapping policies at city, subnational, national, and international levels is more likely to succeed than are single, overarching binding agreements. Such an evolutionary approach to policy provides essential safety nets should one or more policies fail.

عندما تتصادم الديمقراطيات

Foto oficial de la Cumbre de Líderes del G-20
The G-20 leaders at Cannes, France, in November 2011. Photo: Gobierno Federal/flickr.

برلين ــ يبدو أن الطبيعة المتعددة القطبية التي يتسم بها النظام الدولي اليوم سوف تعود إلى دائرة الضوء من جديد في قمة مجموعة العشرين المرتقبة في لوس كابوس بالمكسيك. إن المشاكل العالمية لم تعد تُحَل، ولم تعد الأزمات تُدار، ولم تعد القواعد العالمية تُحدد، ناهيك عن تنفيذها، على الطريقة القديمة، بواسطة قِلة من القوى الغربية في الأغلب. فالآن هناك قوى ناشئة كبرى ومتوسطة، مثل الهند والبرازيل وإندونيسيا وكوريا الجنوبية وتركيا وجنوب أفريقيا، تطالب أيضاً بالإدلاء بدلوها.

لا تزال بعض هذه القوى عبارة عن اقتصادات ناشئة، ولكن أغلبها على المستوى السياسي عبرت العتبة التي ظلت لفترة طويلة تحد من قدرتها على الوصول إلى مطبخ صناعة القرار الدولي. وحتى الآن لا تزال الدول الخمس الدائمة العضوية في مجلس الأمن التابع للأمم المتحدة تدافع عن حقها في نقض القرارات، ولا تزال قواها العسكرية لا تضاهى. ولكنها لم يعد بوسعها أن تكرس القدر الكافي من الموارد والكفاءات والشرعية للتغلب على التحديات أو الأزمات العالمية بمفردها.

لقد أصبحت القطبية الثنائية ذكرى من الماضي، ومن غير المرجح أن تعود إلى الظهور من جديد في هيئة توازن جديد بين الولايات المتحدة والصين. ومن غير المرجح بنفس القدر في المستقبل المنظور أن تتمكن أي مجموعة من البلدان، مثل مجموعة الدول السبع الكبرى أو الدول الثماني الكبرى، من فرض موقف شبه مهيمن من جديد على العالم. وحتى مجموعة العشرين في هيئتها الحالية لا تمثل حقاً القوى القادرة أو الراغبة في تشكيل القرن الحادي والعشرين.

والنبأ السار بالنسبة للولايات المتحدة، والاتحاد الأوروبي، واليابان، وبقية أعضاء “الغرب القديم”، هو أن أغلب القوى الناشئة التي تهيئ نفسها لدور عالمي أكثر نشاطاً هي أيضاً ديمقراطية. فضمن مجموعة العشرين، هناك دولتان فقط ــ الصين والمملكة العربية السعودية ــ ترفض بوضوح أن تتحول إلى النظام الديمقراطي الليبرالي، في حين تحولت قوة ثالثة، روسيا، إلى حكم الفرد بواجهة ديمقراطية.

والنبأ غير السار هو أن هذه القوى الديمقراطية الجديدة لا تتبنى بالضرورة الأجندة السياسية للغرب القديم. فهي على سبيل المثال تختلف حول سياسات المناخ، فترى فيها تهديداً للتنمية. وعلى نحو مماثل، ورغم أن القوى المتوسطة والكبرى الجديدة لا تتفق دائما، فإنها عموماً أكثر تشككاً في كل من العقوبات الدولية والتدخلات العسكرية.

وعلاوة على ذلك، تختلف بعض القوى الأكثر أهمية بين هذه الدول اختلافاً كبيراً مع الولايات المتحدة بشأن النهج المناسب في التعامل مع الصراعات الإقليمية، وخاصة في الشرق الأوسط. وبالتالي، وجدت الولايات المتحدة نفسها في عام 2010 في نزاع دبلوماسي خطير مع تركيا والبرازيل حول كيفية حل النزاع مع إيران بشأن برنامجها النووي. وكان من الواضح، رغم عدم اعتراف الولايات المتحدة بهذا صراحة، أنها غير راضية عن محاولة هاتين الدولتين الاضطلاع بدور دبلوماسي منفرد في هذا النزاع.

وتتضح الخلافات أيضاً عندما تشكل القوى الديمقراطية الجديدة المتوسطة والكبرى مجموعات جديدة مثل مجموعة الأربعة الكبار (البرازيل وروسيا والهند والصين)، إلى جانب القوى غير الديمقراطية. وتستخدم الهند والبرازيل وجنوب أفريقيا مثل هذه الصيغ بطريقة برجماتية عملية لتحقيق مصالحها، أو ببساطة لاستعراض ثِقَلها الدولي المتزايد. وهناك قدر ضئيل من الاتفاق بينها وبين روسيا أو الصين ــ الاثنان من الدول الخمس الدائمة العضوية في مجلس الأمن ــ فيا يتصل بالقيم السياسية أو القضايا الجوهرية المتعلقة بالنظام الدولي.

ولكن إلى جانب العديد من الدول الأخرى في الجنوب العالمي، تميل روسيا والصين إلى الدفاع عن مبدأ عدم التدخل، وتبدي هذه الدول عموماً عزوفاً عن دعم أي محاولات من قِبَل الولايات المتحدة أو أوروبا لفرض الديمقراطية أو حقوق الإنسان في دول أخرى.

والواقع أن عدداً غير قليل من صناع القرار السياسي في الولايات المتحدة وأوروبا أبدوا دهشتهم، أو حتى انزعاجهم، إزاء المحاولات التي تبذلها هذه القوى الديمقراطية الناشئة لملاحقة أجنداتها الخاصة على المسرح العالمي. وتعكس ردود الفعل هذه جزئياً فكراً قديماً يمتد بجذوره إلى الحرب الباردة، عندما كان من المقبول أن تختلف الدول الديمقراطية حول التفاصيل، ولكنها تتفق على قضايا السياسة الدولية الرئيسية. أما هؤلاء الذين كانوا يلاحقون أجندات مختلفة بشأن مسائل جوهرية فإما كانوا من خارج “المعسكر الديمقراطي” أو كانوا من غير اللاعبين المهمين على الساحة الدولية.

وعلى النقيض من هذا فإن إحدى السمات الأساسية في عالم اليوم المتعدد الأقطاب الذي تحكمه العولمة أن القيم الديمقراطية المشتركة لا تضمن الاتفاق حول مسائل جوهرية في السياسية الدولية. وكلما زاد عدد الديمقراطيات، كلما كان من المرجح أن تنشأ الصراعات وتضارب المصالح بين الدول الديمقراطية.

لا يوجد من الأسباب ما قد يدعو إلى الرد بغضب عندما تحدد دول مثل تركيا والبرازيل وجنوب أفريقيا مختلفة عن أولويات أوروبا أو الولايات المتحدة، أو عندما تحمل هذه الدول وجهات نظر مختلفة فيما يتصل بكيفية التعامل مع الصراع العربي الإسرائيلي، أو إيران، أو مساعدات التنمية، أو الترويج للديمقراطية، أو حماية البيئة. ويظهر مثال الولايات المتحدة بوضوح أن القوى العظمى الديمقراطية تسعى عادة إلى تحقيق مصالحها بأقل قدر من الاكتراث للمنافع العامة العالمية التي تهتم بها قوى أخرى.

أو بعبارة أخرى، أصبح النظام الدولي اليوم أكثر تعددية. وتتلخص مهمة القوى الديمقراطية الغربية الراسخة في تقبل هذه “الاختلافات الديمقراطية” والتعامل معها على المستوى الدولي، والسعي إلى تتشكل تحالفات متعددة الأطراف لإدارة أو حل المشاكل.

إن الاتحاد الأوروبي، من حيث المبدأ، في موقف أفضل من موقف الولايات المتحدة (والصين بكل تأكيد) لتولي هذه المهمة. فالأوروبيون أكثر تمرساً في التعامل مع الخلافات وتشكيل الإجماع بين الدول المتشابهة فكراً من حيث المبدأ. ولكن يتعين على أوروبا رغم هذا أن تتعلم كيف تكون أكثر وضوحاً وشفافية في إدارة المصالح التي تقوم عليها سياساتها، بدلاً من الإشارة إلى أن مواقفها فيما يتصل بموضوع معين تمثل الوسيلة الوحيدة العقلانية لفرض قيم ومعايير الديمقراطية.

ترجمة: مايسة كامل Translated by: Maysa Kamel

 

Copyright Project Syndicate

فولكر بيرتس الرئيس التنفيذي ومدير المعهد الألماني للشئون الدولية والأمن في برلين.

For further information on the topic, please view the following publications from our partners:

Do the BRICS Make a Bloc?

Ten Years of BRIC Life

Navigating the New World Order


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Security Watch and Editorial Plan.

Democracias en conflicto

Foto oficial de la Cumbre de Líderes del G-20
The G-20 leaders at Cannes, France, in November 2011. Photo: Gobierno Federal/flickr.

BERLÍN – La naturaleza multipolar del sistema internacional actual volverá a quedar de manifiesto en la próxima reunión del G-20 en Los Cabos, México. Ya no es como antes, cuando la solución de los problemas globales, el manejo de las crisis o la definición de las reglas globales (por no hablar de su implementación) quedaban en manos de unas pocas potencias, en su mayoría occidentales. Ahora, hay un grupo incipiente de potencias grandes e intermedias, como la India, Brasil, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Sudáfrica, que también quieren hacer oír su voz.

Algunas de estas potencias todavía son economías emergentes. Pero en materia política, la mayoría de ellas ya superó la barrera que por mucho tiempo limitó su acceso a la cocina de las decisiones internacionales. Si bien los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (el “P-5”) aún defienden su derecho a vetar resoluciones del organismo y cuentan con un poder militar que no tiene rival, ya no disponen de suficientes recursos, capacidades y legitimidad para hacer frente solos a los desafíos y las crisis de alcance global.

La bipolaridad es cosa del pasado, y es improbable que resurja en la forma de un nuevo “G-2” formado por China y Estados Unidos. Igualmente improbable, hasta donde es posible prever, es que algún club de países, por ejemplo el G-7 o el G-8, vuelva a asumir una posición cuasihegemónica. Tal vez ni siquiera el G-20, con su composición actual, sea representativo de las fuerzas que determinarán el curso del siglo XXI.

Hay una buena noticia para Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y otros miembros del “viejo Occidente”: la mayoría de las potencias emergentes que están tomando posiciones para asumir un papel internacional más activo también son democracias. Dentro del G-20, solamente dos estados (China y Arabia Saudita) rechazan expresamente ser democracias liberales, y un tercer país, Rusia, se ha convertido en una autocracia detrás de una fachada democrática.

Pero hay otra noticia que no es tan buena, y es que estas nuevas potencias democráticas no siempre comparten la agenda política del viejo Occidente. Tienen discrepancias, por ejemplo, sobre las políticas para enfrentar el cambio climático, en las que ven una amenaza para el desarrollo. Asimismo, y a pesar de que a veces no coincidan entre sí, las nuevas potencias grandes e intermedias son en general más escépticas respecto del uso de sanciones internacionales e intervenciones militares.

Además, algunos de los países más importantes de este grupo tienen grandes diferencias con Estados Unidos (y a menudo, también con la Unión Europea) respecto de la forma correcta de encarar los conflictos regionales, especialmente en Oriente Próximo. Eso se vio en 2010, cuando Estados Unidos se encontró en medio de una seria disputa diplomática con Turquía y Brasil por el manejo del conflicto derivado del programa nuclear de Irán. Aunque no lo admitiera, es evidente que los estadounidenses no vieron con agrado que esos dos países intentaran jugar sus propias cartas diplomáticas en el conflicto.

Las diferencias también se hacen evidentes cuando las nuevas potencias grandes o intermedias forman sus propios grupos o clubs, como es el caso de los BRICS, con potencias no democráticas. India, Brasil y Sudáfrica están aplicando estos formatos de manera pragmática para la defensa de sus intereses o simplemente para demostrar cómo ha crecido su influencia internacional, aunque son pocas sus coincidencias con Rusia o China (ambos miembros del P‑5) en relación con valores políticos o cuestiones fundamentales referidas al orden internacional.

Pero igual que muchos otros estados del sur del globo, Rusia y China tienden a defender el principio de no interferencia y suelen mostrarse reticentes a apoyar cualquier intento estadounidense o europeo de proyectar la democracia o la defensa de los derechos humanos a otros países.

No fueron pocos en Estados Unidos y Europa los políticos que reaccionaron con asombro (incluso con malhumor) ante los intentos de estas potencias democráticas emergentes de seguir agendas propias en el escenario internacional. Tales reacciones son reflejo, en parte, de una mentalidad que quedó anclada en la Guerra Fría, cuando los países democráticos, aunque pudieran discrepar en los detalles, estaban de acuerdo en las cuestiones de política internacional fundamentales. Aquellos que se guiaban por una agenda diferente en relación con asuntos sustantivos o bien no eran parte del “campo democrático” o bien no eran jugadores importantes en la arena internacional.

Pero ahora, una característica central del actual mundo multipolar globalizado es que compartir valores democráticos no garantiza estar de acuerdo respecto de cuestiones de política internacional sustantivas: a mayor cantidad de democracias, mayor la probabilidad de que emerjan conflictos de intereses y diferencias entre países democráticos.

Si países como Turquía, Brasil o Sudáfrica se fijan prioridades que no coinciden con las de Europa o Estados Unidos, o si tienen ideas diferentes respecto de cómo encarar cuestiones tales como el conflicto árabe-israelí, Irán, los programas de ayuda al desarrollo, el fomento de la democracia o la protección del medioambiente, esto no debería ser motivo de enojo: Estados Unidos es un claro ejemplo de cómo las grandes potencias democráticas suelen actuar en pos de sus propios intereses sin importarles demasiado lo que otros hayan definido como el bien común global.

En otras palabras, el orden internacional se está volviendo más pluralista. Las democracias occidentales establecidas tienen ante sí la tarea de aceptar y tolerar estas “diferencias democráticas” en el plano internacional, y procurar manejar o resolver los problemas mediante la formación de coaliciones multilaterales.

En principio, la Unión Europea está mejor posicionada para asumir esta tarea que Estados Unidos (y sin duda, mejor que China). Los europeos están acostumbrados a tratar con las diferencias y forjar consensos entre países a partir de coincidencias básicas. Ello no obstante, Europa necesita aprender a ser más clara y transparente respecto de los intereses que hay detrás de sus propias políticas, en vez de presentar su posición respecto de cualquier asunto como si fuera la única forma racional de llevar a la práctica los valores y normas democráticos.

Traducción: Esteban Flamini

 

Copyright Project Syndicate

Volker Perthes is Executive Chairman and Director of Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP), the German Institute for International and Security Affairs, Berlin.
For further information on the topic, please view the following publications from our partners:

Do the BRICS Make a Bloc?

Ten Years of BRIC Life

Navigating the New World Order


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Security Watch and Editorial Plan.