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روسيا تقوم بمناورات عسكرية تُقلق جورجيا

قامت روسيا بعدة مناورات عسكرية مع بعض حلفائها في يونيو/حزيران ويوليو/تموز. على أن تكون هناك مزيد من المناورات في شهري أغسطس/آب وسبتمبر/أيلول. بالطبع لا يوجد بين تلك المناورات شيء بشكل موسع كتلك التي تداولتها وكالة الأخبار الإيرانية يوم 19 من يونيو/حزيران، 2012 في تفكير يدل على رغبة ما. لكن لن تكون هناك أية مناورات يشترك فيها 90,000 عسكري تقام في سوريا بواسطة روسيا، الصين وإيران. [جميع الروابط بالروسية ما لم يُذكر غير ذلك]

مع ذلك، تعد المناورات مكثفة وبشكل كبير في وسط آسيا. في يونيو/حزيران كانت هناك مهمة السلام 2012 [بالروسية – بالعربية]، تمت بواسطة خمسة من دول منظمة شانجهاي للتعاون (روسيا، الصين، كازخستان، كرجيزستان، وطاجيكستان) في طاجيكستان. شارك 2000 عسكري في تلك المناورات التي اتخذت طابع محاربة الإرهاب، حيث شاركت روسيا ب350 عسكري.

في يوليو/تموز قامت روسيا بمناورات ألداسبان-2012، هذه المرة المناورة ثنائية مع كازخستان. بعد ذلك، في بداية شهر أغسطس/آب كانت هناك مناورات فرونتير-2012 بالتعاون مع أعضاء منظمة معاهدة الأمن الجماعي [بالعربية]. [انسحبت أوزبكستان [بالعربية]، إحدى أعضاء منظمة معاهدة الأمن الجماعي من المنظمة يوم 28 من يونيو/حزيران. وقد رفضت السماح لقوات كازخستان الانتقال إلى طاجكستان من أجل مناورات مهمة السلام 2012 مباشرة قبل خروجها من المنظمة.]

تدريبات القوات المسلحة الروسية 2012. الصورة بواسطة جورج مالتس. حقوق الملكية محفوظة لديموتكس (08/26/2010)
تدريبات القوات المسلحة الروسية 2012. الصورة بواسطة جورج مالتس. حقوق الملكية محفوظة لديموتكس (08/26/2010)

حتى الآن المناورات الوحيدة التي لم تتم في وسط آسيا كانت زمالة سلافي-2012، المناورات العسكرية الأولى التي تُجرى بين روسيا، بيلاروسيا، وأوكرانيا منذ فترة طويلة. كانت في يوليو/تموز ولم تتم ملاحظتها نسبيا. بشكل عام، لم تُولد أي من تلك التدريبات والمناورات كثير من الضجة على رو نت أو فضاء الإنترنت الروسي، وبعض المناورات ستأتي قريبا مثل – سلنجا-2012 مع منغوليا أو التعاون-2012 مع منظمة معاهدة الأمن الجماعي، والمناورتين مخطط لهما في سبتمبر/أيار – ويستبعد أن تكون هناك أخبار تتصدر الصحف أو أن تشكل ضجة.

لكن قد لا يكون هذا هو الحال مع المناورات المخطط أن تتم في سبتمبر/أيلول القادم القوقاز-2012، حيث تخطط روسيا أن تكون مع قوات من مقاطعة أبخازيا المستقلة عن جورجيا ومع أوسيتيا الجنوبية. تجرى مناورة القوقاز-2012 في منطقة شمال القوقاز، وتتضمن 8,000 عسكري، وآليات ثقيلة، مدفعية، سلاح البحرية، والقوات الجوية. مما يجعلها أكبر مناورات روسية هذا العام.

يعتبر اسم القوقاز-2012 هو الأشهر دوليا، وذلك لعدم معرفة كثير من الدول بأبخازيا وجنوب أوسيتيا. وقد سارع الجيش الروسي بالطمأنة من أنه لن يستخدم القواعد على الحدود الجنوبية في تلك المناورات، على الرغم من مشاركة بعض القوات من تلك القواعد في المناورات في المقاطعات الروسية. مع ذلك، يعتبر هذا الأمر مطمئن إلى حد ما إلى جورجيا، التي تشعر بالقلق من تكرار سيناريو أغسطس/آب 2008. حيث وقتها، قامت روسيا بمناورات في القوقاز أيام قليلة قبل الغزو.

لاحظ بعض المدونين من جورجيا مثل المدون المشهور المتحدث بالروسية سيكسيمو، أن الحشد الذي تعمل عليه روسيا في المنطقة يأتي مباشرة قبل الانتخابات البرلمانية في جورجيا في الأول من أكتوبر/تشرين الأول. تؤمن المدونة ذات الأصل الجورجي، زابوجينا، أن هدف الجيش الروسي هو زعزعة الاستقرار في المنطقة وفرض سيطرتها على الانتخابات. تعتقد أن روسيا لن تقوم بغزو مرة أخرى، حتى تبذل جهدها للتأثير والتلاعب حتى تؤثر في الرأي العام في جورجيا للتصويت لصالح الأحزاب الصديقة لروسيا. مع ذلك، يعتقد الصحفي الروسي والمدون بودرابينك، أن بوتين قد يشن حرب حدودية صغيرة من أجل أن تعزيز شعبيته.

مع ذلك، لا تولد جميع مناورات الجيش الروسي مثل هذا الاهتمام الذي تلاقيه مناورات القوقاز 2012. حالياً، تشترك الهند مع روسيا في مناورات إندرا-2012 في جمهورية بورياتيا التي تخضع لروسيا، على الحدود المنغولية. يحكي مدون روسي قصة هزلية عن كيفية تعامل الناس في حافلة عندما أعلن المذيع في المذياع بالخطأ 500,000، بدلا من 500، وهو رقم القوات الهندية المشاركة في المناورات:

На этом месте в салоне автобуса наступает покусывающая за пятки тишина. Гробовая.

عند هذه النقطة سكتت الحافلة كلها – وكأن على رؤوسهم الطير. سكوت يثير القشعريرة بالمعدة. سكوت مميت.
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Revolución en el vacío

Syrians rally in front of the US Embassy
Syrians rally in front of the US Embassy in Amman, Jordan. Photo: FreedomHouse/flickr.

MADRID – La Guerra Fría puede haber acabado, pero ha vuelto la rivalidad entre las superpotencias. A consecuencia de ello, la capacidad de la comunidad internacional para unirse frente a las más importantes amenazas mundiales sigue siendo tan deficiente como siempre.

En ningún caso se refleja más claramente que en el de Siria. Lo que debía ser un plan coordinado para proteger a los civiles de una represión despiadada y un avance hacia una transición pacífica, el formulado por el ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, ha acabado degenerando en una guerra por poderes entre los Estados Unidos y Rusia.

Los dirigentes de Rusia (y China) intentan defender un sistema internacional basado en la soberanía incondicional de los Estados y rechazan el derecho de ingerencia humanitaria, de inspiración occidental. Preocupados por que las rebeliones árabes radicalicen a sus propias minorías reprimidas, se niegan a permitir que se utilice el Consejo de Seguridad de las NN.UU. para fomentar cambios revolucionarios en el mundo árabe, y Siria, el último baluarte ruso de la Guerra Fría, es un activo que el Kremlin hará todo lo posible por conservar.

Pero Rusia y China no son el único problema. Las más importantes democracias en ascenso como el Brasil, la India y Sudáfrica han sido particularmente decepcionantes en su reacción ante la “primavera árabe”. Todas ellas son adalides declarados de los derechos humanos a la hora de condenar cualquier ataque defensivo de Israel en Gaza como “genocida”, pero se muestran igualmente unidas al oponerse a la adopción de medidas sobre Siria por el Consejo de Seguridad, justo cuando la represión en este país resulta más atroz que nunca. Los levantamientos árabes o bien chocaron con su compromiso con la inviolabilidad de la soberanía nacional o bien aumentaron su temor a que una “intervención humanitaria” fuera simplemente otro instrumento de dominio septentrional.

La reacción de Occidente ha sido mucho más favorable a las aspiraciones de los árabes, pero también ha sido contradictoria y desigual. Tanto los Estados Unidos como Europa pasaron años dedicados a un monumental ejercicio de hipocresía política, al predicar el evangelio del cambio democrático y al tiempo apoyar a tiranos árabes. No es de extrañar que se encontraran sin instrumentos para abordar las revoluciones árabes.

De hecho, en ningún momento desde el comienzo de la “primavera árabe” se ha podido discernir una estrategia occidental coherente para abordar sus muchas  dificultades e incertidumbres. En cada caso se ha reaccionado de forma diferente, ya fuera por las limitaciones impuestas por la política de poder internacional, como ocurre ahora con Siria, o por consideraciones económicas y estratégicas, como en Arabia Saudí o Bahrein.

Por su parte, los EE.UU. no abandonaron inmediatamente a aliados autoritarios, como, por ejemplo, el Egipto de Hosnik Mubarak y el Túnez de Zine El Abidine Ben Ali. Si éstos hubieran mostrado más rapidez y eficacia para reprimir las protestas de las masas, podrían seguir en el poder actualmente… con la bendición americana. Los EE.UU. no se volvieron contra ellos porque fueran autócratas, sino porque no lo fueron con suficiente eficiencia.

Entretanto, Europa se encuentra paralizada por una crisis financiera que amenaza la propia existencia de la Unión Europea. Los instrumentos tradicionales de política exterior de la UE –el “fomento de la sociedad civil” y “el fomento del comercio” – no son substitutos válidos de una estrategia para afrontar el nuevo juego de poder en el Mediterráneo. Y, sin embargo, Europa se ha mostrado totalmente incapaz de reaccionar de forma apropiada ante unas condiciones en las que los regímenes islamistas están estableciendo independientemente sus prioridades y agentes externos –Qatar, Arabia Saudí, Turquía, Rusia, China y tal vez el Irán incluso– están rivalizando para obtener influencia con una extraordinaria combinación de potencia de fuego financiero y fuerza política.

Europa no puede permitirse el lujo de permanecer al margen. La “Operación Protector Unificado” de la OTAN en Libia fue un gran éxito para la Alianza, pero la decisión de los Estados Unidos de permitir que Europa asumiera la dirección indicó también su intención de “reequilibrar” sus prioridades mundiales. En vista de que los EE.UU. están centrando su atención en Asia y el Pacífico en lugar de en los intereses vitales de Europa, el Mediterráneo y Oriente Medio, ya no se puede esperar que tomen la iniciativa para resolver las crisis en el patio trasero de Europa.

De hecho, en el programa de los Estados Unidos ya no hay grandes proyectos para Oriente Medio. Desde su victoria en la Guerra Fría, la hegemonía de los Estados Unidos en Oriente Medio ha sido una historia de frustración e inversión en sangre, sudor y fondos no recompensada. Ahora se espera un cambio en pro del realismo en materia de política exterior y la reciente reunión de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, con el Presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, es una clara indicación de la nueva orientación de los Estados Unidos.

Las consecuencias de semejante cambio son de gran alcance. A raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, los EE.UU. vieron el mundo islámico casi exclusivamente a través del prisma de la “guerra mundial al terror”. Sin embargo, ahora las autoridades reconocen que fue precisamente la persistencia secular de autocracias árabes lo que fomentó el terrorismo islamista.

A consecuencia de ello, la premisa más importante de la política actual de los EE.UU. es la de que una pérdida de confianza de los islamistas en el proceso democrático tendría consecuencias adversas y de que la restauración de los antiguos regímenes podría amenazar los intereses occidentales más que un gobierno de los Hermanos Musulmanes. Ahora los Estados Unidos están entablando prudentemente relaciones con los nuevos dirigentes islamistas con la esperanza de que no pongan en peligro los acuerdos de paz propiciados por los EE.UU. (Israel-Jordania e Israel-Egipto) ni obstaculicen las medidas adoptadas para poner freno a las ambiciones nucleares del Irán.

La de hacer realidad dicha esperanza no es una tarea fácil. La agitación en las sociedades árabes va a persistir sin lugar a dudas en los años futuros y es de esperar que las potencias mundiales y regionales en ascenso aprovechen la fragmentación del orden internacional para hacer avanzar sus intereses en esa región. Dada la confusión en que está sumida Europa y la resistencia de la crisis nuclear del Irán a una resolución diplomática, el nuevo realismo de la política exterior de los Estados Unidos podría muy bien significar que, por mucho que les desagrade, se vean obligados en última instancia a revisar su “estrategia reequilibradora”.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.

 Copyright Project Syndicate


Shlomo Ben Ami, ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel, es actualmente Vicepresidente del Centro Internacional por la Paz de Toledo. Es autor de Scars of War, Wounds of Peace: The Israel-Arab Tragedy (“Cicatrices de guerra y  heridas de paz. La tragedia árabo-israelí”).

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Preparing for a Post-Assad Syria: What Role for the European Union?

Apocalyptic Musings about Syria

Safe Havens in Syria


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Security Watch and Editorial Plan.

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ثورة في الخواء

Syrians rally in front of the US Embassy
Syrians rally in front of the US Embassy in Amman, Jordan. Photo: FreedomHouse/flickr.

 مدريد ــ لعل الحرب الباردة انتهت، ولكن التنافس بين القوى العظمى عاد من جديد. ونتيجة لهذا فإن قدرة المجتمع الدولي على التوحد في مواجهة التحديات العالمية الكبرى تظل منقوصة كحالها في أي وقت مضى.

تتجلى هذه الحقيقة بأعظم قدر من الوضوح في الحالة السورية. فالخطة التي كان من المفترض أن تشكل جهداً منسقاً لحماية المدنيين من القمع الوحشي ومحاولة لدفع عجلة التحول السلمي ــ الخطة التي وضعها الأمين العام السابق للولايات المتحدة كوفي أنان ــ تدهورت الآن لكي تتحول إلى حرب بالوكالة بين الولايات المتحدة وروسيا.

ويسعى زعماء روسيا (والصين) إلى دعم نظام دولي يعتمد على كفالة السيادة غير المشروطة للدول ويرفض حق التدخل الإنساني الذي استحدثه الغرب. وخوفاً من تسبب الثورات العربية في تحول الأقليات المكظومة إلى التطرف، يرفض زعماء روسيا السماح باستخدام مجلس الأمن التابع للأمم المتحدة كوسيلة لتعزيز التغيرات الثورية في العالم العربي. والواقع أن سوريا، التي تُعَد آخر مركز أمامي لروسيا في الحرب الباردة، تشكل أحد الأصول التي لن يتردد الكرملين في بذل قصارى جهده للحفاظ عليه.

ولكن روسيا والصين لا تمثلان المشكلة الوحيدة. فقد كانت الديمقراطيات الناشئة الكبرى مثل البرازيل والهند وجنوب أفريقيا مُحبِطة بشكل خاص في استجابتها للربيع العربي. فالكل نصير صريح لحقوق الإنسان عندما يتعلق الأمر بإدانة أي هجوم دفاعي إسرائيلي على غزة باعتباره “إبادة جماعية”، ولكن هذه البلدان ذاتها لا تقل عن ذلك توحداً في معارضة أي تحرك من جانب مجلس الأمن فيما يخص سوريا، رغم بلوغ القمع هناك مستويات غير عادية من الترويع. ويبدو أن الانتفاضات العربية إما اصطدمت بالتزام هذه الدول بحرمة السيادة الوطنية، أو كانت سبباً في تأجيج مخاوفها من أن يتحول “التدخل الإنساني” إلى مجرد أداة أخرى يفرض بها الشمال هيمنته.

كانت استجابة الغرب أكثر دعماً لتطلعات العرب، ولكنها أيضاً كانت متناقضة وغير منظمة. فلأعوام، انخرطت كل من الولايات المتحدة وأوروبا في ممارسة غير عادية للنفاق السياسي، فبشرت بالتغيير الديمقراطي في حين كانت حريصة على دعم الطغاة العرب. ولم يكن من المستغرب أن يجد زعماء الولايات المتحدة وأوروبا أنفسهم مجردين من الأدوات اللازمة للتعامل مع الثورات العربية.

ولم يكن بوسع أحد منذ اندلاع ثورات الربيع العربي أن يميز أي استراتيجية غربية متماسكة في مواجهة التحديات والشكوك العميقة التي أحاطت بهذه الثورات. بل إن كل حالة على حدة استحثت استجابة مختلفة، إما بسبب القيود التي تفرضها سياسات القوة الدولية، كما هي الحال الآن في التعامل مع سوريا، أو بسبب اعتبارات اقتصادية واستراتيجية، كما كانت الحال في التعامل مع المملكة العربية السعودية والبحرين.

ولم تتخل الولايات المتحدة من جانبها عن حلفائها من الحكام المستبدين، مثل حسني مبارك في مصر وزين العابدين بن علي في تونس على الفور. ولو كان أي من هؤلاء الطُغاة أسرع حركة وأكثر فعالية في قمع الاحتجاجات الجماهيرية الحاشدة، فلعله كان ليبقى في السلطة حتى يومنا هذا ــ وبمباركة الولايات المتحدة. والأمر الواضح أن الولايات المتحدة لم تنقلب عليهم لأنهم حكام مستبدون، بل لأنهم حكام مستبدون غير أكفاء.

ومن ناحية أخرى، يتمكن الشلل من أوروبا بسبب الأزمة المالية التي تهدد وجود الاتحاد الأوروبي ذاته. والواقع أن أدوات السياسة الخارجية التقليدية التي يستعين بها الاتحاد الأوروبي ــ “دعم المجتمع المدني” و”تشجيع التجارة” ــ لا تشكل بديلاً لاستراتيجية واضحة في التعامل مع لعبة القوة الجديدة في منطقة البحر الأبيض المتوسط. ورغم هذا، نجحت أوروبا في إثبات عجزها التام عن تصميم الاستجابة المناسبة للظروف التي تعمل في ظلها الأنظمة الإسلامية بشكل مستقل على صياغة أولوياتها وتتنافس الجهات الخارجية ــ قطر، والمملكة العربية السعودية، وتركيا، وروسيا، والصين، بل وربما إيران ــ لفرض نفوذها بالاستعانة بمزيج غير عادي من الذخيرة المالية والعضلات السياسية.

ولا تملك أوروبا أن تظل على الهامش. فقد كانت “عملية الحامي الموحد” التي نفذتها قوات حلف شمال الأطلسي في ليبيا ناجحة إلى حد كبير بالنسبة للتحالف، ولكن القرار الذي اتخذته أميركا بالسماح لأوروبا بتولي الدور الأساسي في هذه العملية كان أيضاً بمثابة الإشارة إلى اعتزامها “إعادة التوازن” إلى أولوياتها على الصعيد العالمي. ومع عقد الولايات المتحدة النية على تحويل اهتمامها بعيداً عن مجال المصالح الأوروبية الحيوية ومنطقتي البحر الأبيض المتوسط والشرق الأوسط، وباتجاه آسيا ومنطقة الباسيفيكي، فلم يعد بوسعنا أن نتوقع منها الاضطلاع بدور رائد في حل الأزمات في الفناء الخلفي لأوروبا.

بل إن المخططات الكبرى لمنطقة الشرق الأوسط لم تعد على الأجندة الأميركية. فمنذ انتصار الولايات المتحدة في الحرب الباردة، كانت الهيمنة الأميركية في الشرق الأوسط عبارة عن قصة استثمار محبط وغير مجز في الدم والعرق والثروة. والآن بات بوسعنا أن نتوقع تحولاً نحو واقعية السياسية الخارجية، ويُعَد اللقاء الأخير بين وزيرة الخارجية الأميركية هيلاري كلينتون والرئيس الإسلامي المصري محمد مرسي بمثابة الإشارة الواضحة إلى التوجه الأميركي الجديد.

إن الآثار المترتبة على هذا التحول بعيدة المدى. ففي أعقاب الهجمات الإرهابية في الحادي عشر من سبتمبر/أيلول 2001، نظرت الولايات المتحدة إلى العالم الإسلامي نظرة شبه شمولية من خلال منظور “الحرب العالمية ضد الإرهاب”. ولكن صناع السياسات الآن يعترفون بأن استمرار الأنظمة الاستبدادية العربية العلمانية كان على وجه التحديد السبب وراء تشجيع الإرهاب الإسلامي.

ونتيجة لهذا فإن الفرضية الرئيسية في السياسة الأميركية الحالية تتلخص في أن فقدان الإسلاميين الثقة في جدوى العملية الديمقراطية من شأنه أن يؤدي إلى عواقب سلبية، وأن استعادة الأنظمة القديمة قد تهدد المصالح الغربية بشكل أعظم من أي تهديد قد يفرضه حكم الإخوان المسلمين. والآن تعمل أميركا بحكمة على بناء علاقات عاملة مع الزعماء الإسلاميين الجدد، على أمل أنهم لن يعرضوا اتفاقات السلام التي رعتها الولايات المتحدة في المنطقة (بين إسرائيل والأردن، وبين إسرائيل ومصر) للخطر، ولن يعرقلوا المحاولات الأميركية الرامية إلى وأد طموحات إيران النووية.

لا شك أن تحقيق هذا الأمل ليس بالمهمة السهلة. فمن المحتم أن تستمر الاضطرابات التي تعم المجتمعات العربية لسنوات قادمة، ومن المتوقع أن تسارع القوى الإقليمية والعالمية الناشئة إلى استغلال حالة التشرذم التي يتسم بها النظام الدولي الآن لتعزيز مصالحها في المنطقة. وفي ظل حالة الارتباك التي تعيشها أوروبا الآن، واستعصاء الأزمة النووية الإيرانية على الحلول السلمية، فإن واقعية السياسة الخارجية الأميركية الجديدة قد تعني أيضاً أن الولايات المتحدة سوف تضطر في النهاية، ولو على مضض، إلى إعادة النظر في “استراتيجية إعادة التوازن”.

ترجمة: إبراهيم محمد علي          Translated by: Ibrahim M. Ali

 Copyright Project Syndicate


شلومو بن عامي وزير خارجة إسرائيل الأسبق، ونائب رئيس مركز توليدو الدولي للسلام، ومؤلف كتاب “ندوب الحرب وجراح السلام: المأساة الإسرائيلية العربية”.

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Une révolution dans le vide

Syrians rally in front of the US Embassy
Syrians rally in front of the US Embassy in Amman, Jordan. Photo: FreedomHouse/flickr.

MADRID – La guerre froide est peut-être terminée, mais la rivalité entre les superpuissances est de retour. Du coup, la capacité de la communauté internationale à s’unir face aux grands défis mondiaux demeure plus déficiente que jamais.

Ceci n’est nulle part aussi évident que dans le cas de la Syrie. Ce qui était censé être un effort coordonné, visant à protéger les civils contre la répression impitoyable et à promouvoir une transition pacifique – le plan élaboré par l’ancien secrétaire général des Nations Unies, Kofi Annan, a dégénéré en une guerre par procuration entre les États-Unis et la Russie.

Les dirigeants russes (et chinois) cherchent à maintenir un système international qui repose sur la souveraineté inconditionnelle des états et qui rejette le droit d’ingérence sous prétexte humanitaire d’inspiration occidentale. Craignant que les rébellions arabes ne radicalisent leurs propres minorités réprimées, ils refusent que le Conseil de Sécurité des Nations Unies soit utilisé pour promouvoir des changements révolutionnaires dans le monde arabe. La Syrie, dernier avant-poste russe de la Guerre froide, est un atout que le Kremlin fera tout pour maintenir.

Néanmoins, la Russie et la Chine ne sont pas les seuls problèmes. Les grandes démocraties émergentes que sont le Brésil, l’Inde et l’Afrique du Sud ont été particulièrement décevantes dans leur réponse au Printemps arabe. Tous se présentent ouvertement en paladins des droits de l’homme lorsqu’il s’agit de condamner comme «génocide» toute attaque de défense israélienne à Gaza. Mais ils sont tout aussi unis pour s’opposer à une action du Conseil de Sécurité dans le dossier syrien, alors même que la répression devient de plus en plus épouvantable. Soit les soulèvements arabes sont en conflit avec leur engagement envers l’inviolabilité de la souveraineté nationale, soit ils alimentent leur crainte que le concept « intervention humanitaire » ne soit rien d’autre qu’un nouvel outil de domination du nord.

La réponse de l’Occident s’est montrée beaucoup plus favorable aux aspirations de la population arabe mais, aussi, elle a été contradictoire et irrégulière. Pendant des années, tant les États-Unis que l’Europe se sont engagés dans un exercice monumental d’hypocrisie politique, prêchant l’évangile du changement démocratique tout en soutenant les tyrans arabes. Il n’est donc pas surprenant qu’ils se soient retrouvés démunis pour faire face aux révolutions arabes.

En effet, à aucun moment depuis le début du Printemps arabe, il n’a été possible de discerner une stratégie cohérente de l’Occident, capable de répondre à ses nombreux défis et incertitudes. Chaque cas a suscité une réponse différente, en raison tantôt des contraintes de politique d’influence internationale, comme c’est actuellement le cas à l’égard de la Syrie, tantôt des considérations économiques et stratégiques, comme en Arabie saoudite et à Bahreïn.

D’une part, les Etats-Unis n’ont pas voulu abandonner immédiatement leurs alliés autoritaires tels que Hosni Moubarak en Egypte et Zine el Abidine Ben Ali en Tunisie. Pour peu qu’ils aient été plus rapides et efficaces dans la répression des manifestations de masse, ils seraient encore au pouvoir aujourd’hui – avec la bénédiction de l’Amérique. Les Etats-Unis se sont retournés contre eux, non pas parce qu’ils étaient des autocrates, mais parce qu’ils étaient autocrates inefficaces.

D’autre part, l’Europe se trouve paralysée par une crise financière qui menace l’existence même de l’Union Européenne. Les outils traditionnels de la politique étrangère de l’UE – « promouvoir la société civile » et « encourager le commerce » – ne peuvent se substituer à une véritable stratégie en vue de faire face aux nouveaux jeux de pouvoir en Méditerranée. Pourtant, l’Europe s’est avérée totalement incapable de développer une réponse face à la manière dont les régimes islamistes sont en train de façonner leurs priorités de manière tout à fait indépendante, et dont des acteurs externes – le Qatar, l’Arabie Saoudite, la Turquie, la Russie, la Chine, et peut-être même l’Iran – sont en train de rivaliser d’influence grâce à une extraordinaire combinaison de puissance de feu financière et de muscle politique.

L’Europe ne peut pas se permettre de rester à l’écart. L’opération « Unified Protector » de l’OTAN en Libye a été un succès majeur pour l’alliance, mais la décision de l’Amérique de laisser l’Europe assumer le rôle de premier plan a clairement signalé son intention de « rééquilibrer » les priorités mondiales. De plus en plus, les États-Unis cherchent à transférer leur attention de la sphère d’intérêt vital de l’Europe, la Méditerranée et le Moyen-Orient, vers l’Asie et le Pacifique. Il ne faut plus s’attendre à aucune prise d’initiative de leur part dans la résolution des crises dans l’arrière-cour de l’Europe.

En effet, de grands desseins pour le Moyen-Orient ne sont plus à l’agenda de l’Amérique. Depuis sa victoire dans la Guerre froide, l’hégémonie américaine au Moyen-Orient a été une histoire de frustration et de vains investissements de sang, de sueur et d’argent public. On s’attend à présent à un changement de la politique étrangère américaine vers davantage de réalisme ; la récente réunion de la Secrétaire d’Etat américaine Hillary Clinton avec le président islamiste égyptien, Mohamed Morsi, est une indication claire de la nouvelle orientation de l’Amérique.

Les implications d’un tel changement sont considérables. Après les attentats terroristes du 11 Septembre 2001, les Etats-Unis considéraient le monde islamique presqu’exclusivement à travers le prisme de la « guerre mondiale contre le terrorisme ». Aujourd’hui, les décideurs admettent toutefois que c’est précisément la persistance d’autocraties laïques arabes qui a encouragé le terrorisme islamiste.

Par conséquent, le premier principe de la politique américaine actuelle est que la perte de confiance des islamistes dans le processus démocratique pourrait avoir des conséquences néfastes, et que la restauration des anciens régimes pourrait menacer les intérêts occidentaux davantage qu’un gouvernement des Frères Musulmans. Les USA sont maintenant en train d’établir à bon escient des relations de travail avec les nouveaux dirigeants islamistes, dans l’espoir que ceux-ci ne mettent pas en danger les accords de paix négocié par les USA dans la région (Israël – Jordanie et Israël – Egypte), ni n’interfèrent avec la volonté de l’Amérique de freiner les ambitions nucléaires de l’Iran.

La réalisation de cet espoir n’est pas chose aisée. Les turbulences sont vouées à persister dans les sociétés arabes pendant des années à venir. On peut s’attendre à ce que les nouvelles puissances régionales et mondiales cherchent à exploiter la fragmentation de l’ordre international en vue de faire avancer leurs propres intérêts dans la région. L’Europe dans le désarroi et la crise nucléaire de l’Iran résistant toujours à une résolution diplomatique pourraient bien impliquer que les Etats-Unis finissent par être obligés de revoir, à contrecœur, leur « stratégie de rééquilibrage » dans le futur, du moins s’ils veulent poursuivre leur récente politique étrangère de réalisme.

Traduit de l’anglais par Timothée Demont

 Copyright Project Syndicate


Shlomo Ben Ami, ancien ministre israélien des affaires étrangères, est aujourd’hui vice-président du Toledo International Center for Peace. Il est l’auteur de Scars of War, Wounds of Peace: The Israel-Arab Tragedy (Cicatrices de Guerre, Blessures de Paix: La Tragédie Israélo-Arabe).

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Korea-Japan: Time for Outside Mediation?

“Forget the past and lose an eye; dwell on the past and lose both eyes!”

This old Russian proverb comes to mind whenever I think of current Japan-Korea relations. The Japanese, it would appear, are eager to forget the past, while the Koreans can’t seem to see beyond it. Isn’t it time for America’s two key Northeast Asian allies to work toward a better future with both eyes open?

It some instances the flare-ups represent mere political opera with little of real substance at stake. But the latest cause for tension – the ROK government’s cancellation of both the June 29 signing of the General Security of Military Information Agreement (GSOMIA) and its plan to pursue an equally sensitive (but sensible) military Acquisition and Cross-Servicing Agreement (ACSA) with Japan – has serious national security implications and also affects Washington’s relations with both nations. It also cost one of South Korea’s more forward thinking strategists, senior presidential secretary for national security strategy Kim Tae-Hyo, his job. His “sin”? He put Korea’s national interests ahead of public opinion.