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Niger: Development Cooperation Must Support the Environmental Governance of Uranium Mining

Aerial view of Saga Kourtey area in Niamey, Niger. Image by jeanotr/Flickr.

Niger’s new development strategy, the Economic and Social Development Plan, is also intended to guide international development cooperation. Environmental governance of uranium mining, the country’s by far largest single economic activity, appears hitherto to have constituted a ‘blind spot’ for environmentally oriented development cooperation. It is now time to remove the blinkers and include support to strengthen environmental governance of the mining sector in new programmes to assist Niger in meeting its development challenges

Niger is well known in international media as one of the world’s poorest countries, struggling with chronic structural hunger and malnutrition. UNDP ranks Niger 186 out of 187 countries in the Human Development Index, and in 2011, five million people (33% of Niger’s population) were at ‘high risk’ to food insecurity.

What is less well known is that Niger also hosts the fourth largest uranium production in the world. Export values totalled over EUR 348 million in 2010, representing more than twice the total development assistance finance received during the same year. However, the state retains less than one fifth of the value of the uranium ore that is exported. The exploitation of the mineral wealth by international investors is expanding, with granted and requested mining concessions comprising close to 10% of the national territory.

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Disturbing Disconnects in the US-Japan Alliance

Image by The White House/Flickr.

President Barack Obama won a second term and the Liberal Democratic Party (LDP) has returned to power in Tokyo, with former Prime Minister Abe Shinzo reclaiming the Prime Minister’s Office. All should be right in the alliance as familiar faces and capable hands retain or regain the reins of government, right? Not exactly.

Recent conversations, in conferences and in Tokyo, with officials and analysts from both countries, have highlighted troubling divergences in thinking. The US-Japan alliance remains popular in both countries, but a convergence of strategic and security concerns belies an undercurrent of emotion and uncertainty in Japan that must be acknowledged and addressed.

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Renewed Fighting Worsens Darfur Crisis

Rebel soldiers in Darfur. Image by hdcentre’s photostream/Flickr.

A recent spate of violence in Sudan’s western region of Darfur has left tens of thousands displaced; humanitarian agencies say they are struggling to access populations in need of support.

An estimated 2.3 million people remain displaced by Darfur’s decade-long conflict.

A number of peace agreements – most recently the 2011 Doha Document for Peace in Darfur – have failed to halt the intermittent clashes between the government and rebel groups in the region. In early April, fighting between the Sudanese Armed Forces (SAF) and the Sudan Liberation Army-Minni Minawi (SLA-MM) in East Darfur State displaced several thousand people; SLA-MM managed to capture took two towns – Muhajiriya and Labado – for ten days, but the SAF has since retaken them.

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Euro-Realism: A British-German Axis?

David Cameron, Angela Merkel and Prof Joachim Sauer at Schloss Meseberg, in Germany. Image by the Prime Ministers Office/Flickr.

Former German Chancellor Gerhard Schroeder once said, “They have it wrong if they ask if Schroeder favors Britain over France or France over Britain. Schroeder favors Germany.” Watching David Cameron with family enjoying a German weekend break with Angela Merkel one could be forgiven for thinking all is well in the British-German relationship. And yet for all the well-publicized frictions it is equally clear that Cameron and Merkel get on. It is also clear that the two countries need and will need each other. Is this the beginning of a British-German axis?

There is after all much to unite Britain and Germany. According to the CIA World Factbook (it must be true then) Britain and Germany are the two biggest EU countries with the two largest economies by purchasing power parity. Germany is Europe’s economic leader whilst Britain remains (just) Europe’s military leader. The two countries also share a surprisingly close strategic relationship on a whole raft of issues not least the two most pressing: the lack of fiscal resources and the need for Europe to become competitive.

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Un nuevo Estado como solución para Israel y Palestina

Jerusalem
Jerusalem. Photo: jasonwain/flickr.

PRINCETON – Imaginemos una solución de dos Estados en Israel y Palestina en la que los palestinos tendrían el derecho de retorno; los israelíes se establecerían dondequiera que compraran tierra en Cisjordania; y Jerusalén no tendría que ser dividido. Esta no es una visión fantasiosa sino una reinvención absolutamente creativa de la condición de Estado del siglo XXI. Además, la visita del presidente estadounidense Barack Obama a Israel es una oportunidad para explorar realmente las nuevas reflexiones.

Desde que Bill Clinton casi lograra en 2000 que se negociara un acuerdo amplio, el mantra entre los partidarios del proceso de paz israelí-palestino ha sido que si bien existe una solución, no hay líderes israelíes y palestinos que tengan la voluntad de alcanzarla. La solución es una versión del acuerdo que Clinton vislumbró: dos Estados soberanos basados en las fronteras de 1967 con intercambios de tierras negociados que reflejaran los patrones de asentamiento existentes. El acuerdo incluiría un corredor que conectaría Gaza y Cisjordania; un Jerusalén dividido con acceso garantizado a todos a los sitios religiosos; la renuncia de los palestinos al derecho de retorno; la voluntad de Israel de desmantelar los asentamientos fuera de las fronteras acordadas; y el reconocimiento de los dos Estados en Medio Oriente.

Pero supongamos que la razón por la que los palestinos e israelíes no quieren concluir un acuerdo de esa naturaleza tiene que ver con el hecho de que la solución en sí es nacionalmente  intolerable en ambos lados. Imaginemos que mientras una versión de este acuerdo es la única opción disponible, la escalofriante expansión física del Estado israelí y la expansión demográfica de los árabes israelíes seguirán socavando sus fundamentos. Pese a todas las advertencias urgentes de que la ventana de oportunidad para una solución de dos Estados se está cerrando rápidamente (o ya se cerró), la solución en sí es el problema.

En 2008, un estudiante de Filosofía de la Universidad de Princeton llamado, Russell Nieli, dio una conferencia en el “Center for Jewish Life” en Princeton que fue tan bien recibida que más tarde la amplió e hizo un artículo para la revista estadounidense, Tikkun cuyo fundador es el rabino Michael Lerner. El artículo, “Hacia una paz permanente entre Israel y Palestina –argumentos a favor de dos Estados en condominio”, se publicó con el objetivo de estimular “la reflexión productiva de ideas entre la generación de jóvenes judíos y árabes, no limitada por una visión restrictiva y políticas fallidas del pasado.”

La idea de “Los dos Estados en condominio” es tan visionaria como su nombre inadecuado. La idea central es que los israelíes y palestinos serían ciudadanos de dos Estados separados y por ende se identificarían con dos autoridades políticas individuales. Palestina se definiría como el Estado del pueblo palestino, e Israel, como un Estado judío, bajo “condominio”, no obstante, tanto los palestinos como los israelíes “tendrían el derecho de establecerse en cualquier parte del territorio de cualquiera de los dos Estados, con lo que formarían así una comunidad binacional de asentamientos.”

Consideremos esa idea por un momento. Como lo explica Nieli, los palestinos “tendrían el derecho de establecerse en cualquier parte de Israel, así como los judíos podrían establecerse en cualquier lugar del territorio del Estado palestino. Independientemente de en cuál de los dos Estados vivieran, todos los palestinos serían ciudadanos del Estado Palestino, y todos los judíos serían ciudadanos de Israel.” Cada Estado tendría la autoridad y la obligación de satisfacer las necesidades económicas, culturales, religiosas y de prosperidad de sus ciudadanos que vivan en el territorio del otro Estado. Estos serían derechos y responsabilidades extraterritoriales, así como los Estados Unidos, por ejemplo, atiende las necesidades de un gran número de expatriados, como los dependientes civiles del personal militar estadounidense residente en el extranjero.

Para que funcione, primero tendrían que definirse las fronteras de cada Estado –presumiblemente según las fronteras de 1967, con intercambios mutuamente acordados de tierras. Los árabes israelíes entonces tendrían que transferir su ciudadanía, identidad nacional y derecho nacional de voto –pero no su residencia–  al nuevo Estado palestino. Tendrían el derecho permanente de vivir en Israel y conservarían los beneficios a que tienen derecho actualmente como ciudadanos israelíes, pero no votarían como ciudadanos de Palestina. Todos los demás palestinos que viven en Israel tendrían derechos y beneficios únicamente de acuerdo con la ley palestina.

La solución de dos Estados en condominio da cuenta de la realidad de la profunda interrelación de los colonizadores israelíes en Cisjordania con el resto de Israel –a través de caminos, instalaciones de suministro de agua, instalaciones  eléctricas, estructuras administrativas y relaciones económicas (al igual que partes israelíes y palestinas de Jerusalén son interdependientes). En lugar de tratar de separar y recrear todas estas estructuras y relaciones, tiene más sentido basarse en formas que beneficien a los pueblos y economías de los dos Estados. Además, en un mundo en el que muchos ciudadanos pasan una gran parte de su tiempo en un espacio virtual, la vida en condominio de facto ya se está produciendo.

En los años cincuenta, después de cuatro décadas de guerra en Europa, la idea de una Unión Europea en la que los ciudadanos de los Estados miembros pudieran vivir y trabajar libremente a través de las fronteras nacionales sin perder su pertenencia política e identidad cultural parecía igualmente increíble. (En efecto, el nombre del proceso político sobre el cual habría de construirse la Unión Europea, el “neofuncionalismo” era tan abstracto y torpe como el de “dos Estados en condominio”.) Con todo, los estadistas franceses y alemanes tuvieron la visión y la voluntad de iniciar un experimento osado, que ha evolucionado hasta convertirse en una economía única con 500 millones de personas.

¿Por qué otro lugar en el que hay enemistades añejas no podría ser la fuente de una nueva concepción de Estado? Es interesante que muchos jóvenes en la década de los cincuenta, como mi  madre belga, apoyaron fervientemente la visión de una nueva Europa. Los israelíes y palestinos jóvenes de hoy se enorgullecen de su  espíritu emprendedor, con todos los riesgos e ideas que implica empezar algo nuevo. Apoyar a una nueva empresa política y contribuir a su crecimiento sería el acto definitorio de su generación.

Traducción de Kena Nequiz

Copyright Project Syndicate

Anne-Marie Slaughter fue directora de Planificación de Políticas del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 2009-2011, actualmente es profesora de Ciencias Políticas y Asuntos Internacionales de la Universidad de Princeton.

For additional reading on this topic please see:

Arab League Boycott of Israel

Israel on the Verge of a Third Intifada?

The Emergence of Hamas as a Regional Political Actor


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