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Larga vida al auge chino

Electronics factory in Shenzhen, China
Electronics factory in Shenzhen, China. Photo: glue works/Wikimedia Commons.

BEIJING – Después de tres décadas de crecimiento del PIB a un ritmo anual promedio del 9,8%, la expansión económica de China lleva trece trimestres consecutivos de desaceleración. Es la primera vez que se observa un período de desaceleración tan prolongado desde que en 1979 se lanzó la política de “reforma y apertura”. En el segundo trimestre de este año, el PIB real creció a un ritmo anual de solamente el 7,5% (igual a la meta fijada por el gobierno chino al comenzar el año). Muchos indicadores señalan que esta desaceleración económica continuará, y los inversores son cada vez más pesimistas respecto del futuro de China. ¿Puede China experimentar un colapso?

De hecho, muchas otras economías emergentes de crecimiento rápido han sufrido (incluso más que China) la caída de la demanda global derivada del continuo recorte de gastos en las economías de altos ingresos desde la crisis financiera de 2008. Por ejemplo, el crecimiento del PIB brasileño se desaceleró abruptamente, de 7,5% en 2010 a 2,7% en 2011 y apenas 0,9% en 2012, mientras que en el mismo período, la tasa de crecimiento de India se redujo de 10,5% a 3,2%.

Además, muchas nuevas economías industriales (NEI) de altos ingresos con pocos problemas estructurales tampoco se libraron de los efectos de la crisis de 2008. El crecimiento del PIB de Corea del Sur se redujo de 6,3% en 2010 a 3,7% en 2011 y 2% en 2012; el de Taiwán cayó de 10,7% a 1,3% en el mismo período; y el de Singapur se hundió desde 14,8% hasta 1,3%.

Esto da motivos para pensar que la desaceleración de China después del primer trimestre de 2010 se debe ante todo a una combinación de factores externos y cíclicos. Puesto frente a una perturbación procedente del exterior, el gobierno chino debe y puede mantener una tasa de crecimiento del 7,5%, apelando para ello a medidas de política fiscal anticíclicas y proactivas, sin dejar de mantener al mismo tiempo una política monetaria prudente. Después de todo, China cuenta con un nivel elevado de ahorro público y privado, reservas externas que superan los 3,3 billones de dólares y amplio margen para la modernización industrial y la mejora de infraestructuras.

De hecho, China puede mantener un 8% de crecimiento anual del PIB durante muchos años, porque en la actualidad, el crecimiento económico es un proceso continuo de innovación tecnológica y modernización industrial. Por supuesto, esto vale tanto para países desarrollados como en vías de desarrollo. Pero entre unos y otros hay una diferencia importante. Desde la Revolución Industrial, los países desarrollados siempre han estado a la vanguardia mundial del avance tecnológico e industrial, lo que los obligó a invertir en actividades locales de investigación y desarrollo, con los costos y riesgos que ello supone.

En cambio, las tecnologías e industrias existentes en los países en desarrollo suelen ir por detrás de la vanguardia, de modo que estos países disfrutan de la “ventaja del recién llegado”: pueden lograr innovación tecnológica y modernización industrial por medio de la imitación, la importación y la integración de tecnologías e industrias existentes, todo lo cual implica costos de I+D mucho menores.

En teoría, cualquier país en desarrollo que pueda aprovechar la ventaja del recién llegado para lograr la modernización tecnológica e industrial podrá crecer más rápido que los países desarrollados; cuánto más rápido, eso es una cuestión empírica. Según la Comisión sobre Crecimiento dirigida por el Premio Nobel Michael Spence, después de la Segunda Guerra Mundial trece economías aprovecharon su condición de “recién llegadas” para sostener tasas de crecimiento anual del PIB del orden del 7% o superiores (al menos el doble del ritmo de crecimiento de los países desarrollados) durante 25 años o más.

China se integró a este grupo de trece economías después de 1979. Puesto que sus 33 años de crecimiento económico acelerado se explican en virtud de su condición de recién llegada, la clave para comprender su capacidad de mantener un crecimiento veloz en el futuro radica en estimar cuánto queda todavía de esa ventaja.

Para dicho cálculo, resulta útil tomar como indicador aproximado el PIB per cápita, que refleja la productividad media de la mano de obra de un país y su grado general de avance tecnológico e industrial. Es decir: la diferencia entre el PIB per cápita de China y el de los países desarrollados representará, en esencia, la diferencia de los respectivos grados de avance tecnológico e industrial en términos generales.

Según las estimaciones más actualizadas efectuadas por el difunto historiador de la economía Angus Maddison, el PIB per cápita de China en 2008 fue 6.725 medido en dólares de 1990, igual en ese momento al 21% del PIB per cápita de Estados Unidos. Esta diferencia es aproximadamente la misma que Estados Unidos tenía con Japón en 1951, con Singapur en 1967, con Taiwán en 1975 y con Corea del Sur en 1977; cuatro economías que también forman parte del grupo de trece economías exitosas estudiadas por la Comisión sobre Crecimiento. Japón aprovechó la ventaja del recién llegado para impulsar su tasa de crecimiento anual hasta el 9,2% a lo largo de los 20 años que siguieron, mientras que Singapur logró un 8,6%, Taiwán un 8,3% y Corea del Sur un 7,6%.

Si la ventaja del recién llegado implícita en la diferencia de ingresos entre las cuatro NEI y Estados Unidos permitió a aquellas sostener tasas de crecimiento anual promedio del PIB de entre 7,6% y 9,2% durante 20 años, China también debería poder crecer a un ritmo del 8% anual durante el período que va de 2008 a 2028. Para hacer realidad este potencial de crecimiento derivado de su condición de recién llegada, China necesita, sobre todo, profundizar sus reformas de mercado, encarar diversos problemas estructurales y desarrollar su economía de acuerdo con sus ventajas comparativas.

Traducción: Esteban Flamini

Copyright Project Syndicate.

Justin Yifu Lin, ex economista principal y vicepresidente sénior en el Banco Mundial, es profesor y decano honorario de la Escuela Nacional de Desarrollo de la Universidad de Pekín y director fundador del Centro de Investigación Económica de China.


For additional reading on this topic please see:

Exiting from Monetary Stimulus: A Better Plan for the Fed

Ist die Geldpolitik in den USA zu expansiv?


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Long Live China’s Boom

Electronics factory in Shenzhen, China
Electronics factory in Shenzhen, China. Photo: glue works/Wikimedia Commons.

BEIJING – After three decades of 9.8% average annual GDP growth, China’s economic expansion has been slowing for 13 consecutive quarters – the first such extended period of deceleration since the “reform and opening up” policy was launched in 1979. Real GDP grew at an annual rate of only7.5% in the second quarter of this year (equal to the target actually set by the Chinese government at the beginning of this year). Many indicators point to further economic deceleration, and there is a growing bearishness among investors about the outlook for China. Will China crash?

Longue vie au boom chinois

Electronics factory in Shenzhen, China
Electronics factory in Shenzhen, China. Photo: glue works/Wikimedia Commons.

BEIJING – Après trois décennies de croissance annuelle du PIB à 9,8% de moyenne, l’expansion économique de la Chine a ralenti durant 13 trimestres consécutifs – la première période de décélération aussi longue depuis le lancement de la politique de « réforme et ouverture » en 1979. Le PIB réel a progressé à un taux annuel de seulement 7,5% au deuxième trimestre de cette année (ce qui correspond à la cible effectivement fixée par le gouvernement chinois au début de cette année). De nombreux indicateurs laissent penser que la décélération économique va continuer, et les investisseurs sont de plus en plus pessimistes quant aux perspectives de la Chine. Le pays va-t-il s’effondrer ?

En fait, beaucoup d’autres économies émergentes à croissance rapide ont souffert – dont certaines plus que la Chine – de la baisse de la demande mondiale résultant de la réduction des dépenses en cours dans les économies à revenu élevé depuis la crise financière de 2008. Par exemple, la croissance du PIB au Brésil a fortement ralenti, passant de 7,5% en 2010 à 2,7% en 2011 et à seulement 0,9% en 2012, tandis que le taux de croissance de l’Inde a diminué de 10,5% à 3,2% au cours de la même période.

En outre, de nombreux pays nouvellement industrialisés (NIEs) à revenu élevé et connaissant peu de problèmes structurels n’ont pas été épargnés par les effets de la crise de 2008. La croissance du PIB de la Corée du Sud a diminué de 6,3% en 2010 à 3,7% en 2011 et à 2% en 2012, Taiwan est passée de 10,7% à 1,3% sur la même période et Singapour a chuté de 14,8% à 1,3%.

Compte tenu de cela, le ralentissement économique de la Chine depuis le premier trimestre de 2010 a apparemment été causé principalement par des facteurs externes et cycliques. Face à un choc externe, le gouvernement chinois doit et peut maintenir un taux de croissance de 7,5% en prenant des mesures de politique budgétaire anticycliques et proactives, tout en maintenant une politique monétaire prudente. Après tout, la Chine dispose d’un taux d’épargne publique et privée important, de réserves de change supérieures à 3,3 trillions de dollars et d’un grand potentiel de modernisation industrielle et d’amélioration de son infrastructure.

En effet, la Chine peut maintenir un taux de croissance annuelle du PIB de 8% durant les années à venir, car la croissance économique moderne est un processus d’innovation technologique continue et de modernisation industrielle. Bien sûr, cela vaut aussi bien pour les pays développés que pour les pays en développement. Néanmoins, les pays développés diffèrent des pays en développement selon une dimension importante. Depuis la révolution industrielle, les pays développés ont toujours été à la frontière technologique et industrielle mondiale, ce qui les a obligé à investir dans des processus de recherche et le développement indigènes coûteux et risqués.

En revanche, les technologies et les industries existantes dans les pays en développement sont en général bien en deçà de la frontière mondiale. En conséquence, ils bénéficient de « l’avantage du retardataire » : l’innovation technologique et la modernisation industrielle peuvent être atteintes par l’imitation, l’importation et / ou l’intégration des technologies et industries existantes, ce qui implique des coûts de R&D beaucoup plus faibles.

En théorie, tout pays en développement qui parvient à tirer parti de son avantage du retardataire en vue de moderniser sa technologie et son industrie peut croître plus rapidement que les pays développés. Dans quelle mesure est une question empirique. Selon la Commission sur la croissance dirigée par le prix Nobel Michael Spence, 13 économies ont profité pleinement de leur statut de retardataire après la Seconde Guerre mondiale et ont affiché des taux de croissance annuelle de leur PIB de 7% ou plus – au moins deux fois plus élevés que les taux de croissance des pays développés – durant 25 ans ou plus.

La Chine est devenue l’une des 13 économies après 1979. Parce que le statut de retardataire du pays explique ses 33 années de croissance économique rapide, la clé pour comprendre son potentiel de croissance rapide à l’avenir réside dans l’estimation de l’importance de ces avantages aujourd’hui.

Le PIB par habitant, qui reflète la productivité moyenne du travail d’un pays et sa réussite technologique et industrielle globale, est un indicateur utile pour estimer l’avantage du retardataire. Autrement dit, l’écart entre le PIB par habitant de la Chine et les pays développés reflète essentiellement l’écart en termes de réussite technologique et industrielle globale.

Selon les estimations les plus récentes, par feu l’historien de l’économie Angus Maddison, le PIB par habitant de la Chine en 2008, exprimé en en dollars de 1990, était de 6,725 dollars, ce qui représente 21% du PIB par habitant observé aux États-Unis. C’est à peu près le même écart qui existait entre les Etats-Unis et le Japon en 1951, Singapour en 1967, Taïwan en 1975 et la Corée du Sud en 1977 – quatre pays qui sont aussi parmi les 13 économies prospères étudiées par la Commission sur la croissance. En exploitant leur avantage du retardataire, le taux de croissance annuel moyen au Japon a grimpé à 9,2% au cours des 20 années suivantes, comparativement à 8,6% à Singapour, 8,3% à Taïwan et de 7,6% en Corée du Sud.

Si l’avantage du retardataire impliqué par l’écart de revenu entre les quatre NIEs et les États-Unis a permis aux NIEs d’atteindre des taux de croissance annuelle du PIB en moyenne entre 7,6% et 9,2% depuis 20 ans, le potentiel de croissance annuelle de la Chine devrait être un semblable 8% pour la période 2008-2028. Afin de réaliser son potentiel de croissance en tant que retardataire, la Chine a besoin, avant tout, d’approfondir ses réformes orientées vers le marché, répondre à divers problèmes structurels et développer son économie en fonction de ses avantages comparatifs.

Traduit de l’anglais par Timothée Demont

Copyright Project Syndicate.

Justin Yifu Lin, ancien économiste en chef et vice-président senior à la Banque mondiale, est professeur et doyen honoraire de la National School of Development à Peking University et le directeur fondateur du China Center for Economic Research.

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