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São Paulo: Insecure Citizens, All of Them

Primeiro Comando da Capital 15 33

Primeiro Comando da Capital (PCC) is a non-state armed group in São Paulo, Brazil. Photo: Marco Gomes/flickr.

In recent years, São Paulo, Brazil has like many other Latin American cities, been held up as a model of public security for other cities in the global South. Dramatic declines in homicides by more than 80% in some urban districts, has created a sense that the city is safer than ever. By extension, many have supposed and some explicitly argued that heightened public security policies are the reason for such declines.

A recent spate of hundreds of homicides, killings by the police force (known until recently as resistencias seguida de morte), and assassinations of police officers, tells a much different story. This violence lays bare the sub-structure of homicide regulation in the city. Since the early 2000’s, São Paulo’s decline in homicides has been intimately intertwined with the increasing influence of a non-state armed group known as the Primeiro Comando da Capital (PCC). The PCC, which controls many of the historically violent parts of the city, has its own regulation of death. This underscores the breakdown of the monopoly on violence in the city and exposes the relative impossibility of public policy advancement. More importantly, though, this new wave of violence reveals the degree of insecurity in this city where those most responsible for delivering public security policy – the police – are not secure. » More

Mediation Perspectives: Visioning the Future and Dealing with the Past

 Flag of Concert of Parties for Democracy (Concertación)

Flag of Concert of Parties for Democracy (Concertación), a Chilean political coalition founded in 1989. Image: B1mbo/Wikimedia Commons.

Chilean director Pablo Larrain’s 2012 film No, about the 1988 plebiscite that brought an end to General Augusto Pinochet’s 17-year dictatorship, vividly captures the tensions between a society’s need to be forward-looking at times of political transition (be this at the end of dictatorship or at the end of violent conflict) and its need to deal with past injustice. On March 5th 1988 Chileans were asked to vote whether General Pinochet should stay in power for another eight-year term. The film focuses on the television campaign aired by advocates of the “No” vote in the days leading up to the referendum. Veterans of the anti-Pinochet opposition, many of them victims of the state’s repressive apparatus, called for a campaign that would showcase past crimes: forced disappearances, torture, and killings. » More

Implications of Independence: Scottish Defence

Referendum consultation - press conference

Referendum consultation, press conference. Photo: Scottish Government/flickr.

When the Scottish National Party (SNP) won the majority of seats in the 2007 parliamentary elections, the movement for Scottish independence had finally gained momentum. With the referendum now set for 18 September 2014, the idea of an independent Scotland, once a distant dream of SNP-supporters, has now become a realistic possibility. Although opinion polls currently predict an outcome favoring “devolution-plus” – extensive regionalisation and decentralisation – rather than fully-fledged independence, the possible implications of a “Yes” vote are worth considering given the wide-ranging consequences of such a result, particularly in the area of defence.

A pro-independence decision would likely lead to uncertainty caused by a range of policy conundrums not only for Scotland but for the rest of the UK. In an effort to alleviate such fears, the Scottish government has announced that it will publish a White Paper on the possible future structure of an independent Scotland. But while the Scottish government has adopted an optimistic view, 10 Downing Street has already released a report emphasizing the possible negative repercussions, were Scotland to terminate the more than 300-year old Union. » More

Mediation Perspectives: “Infrastructures for Peace” – Useful Jargon?

The Peace Bridge in Calgary AB, Canada

Peace infrastructure? The Peace Bridge in Calgary AB, Canada. Photo: /Wikimedia Commons.

Every academic and professional field has its jargon. While often criticized, jargon has its uses. It serves as a kind of shorthand, allowing us to communicate complex or multiple concepts in short phrases or single words. But it does have its downsides. Excessive use of jargon renders meaning incomprehensible to non-specialists. Even between specialists it may lead to misunderstandings when users and audiences have different conceptions of what the term refers to. Worse, it can be used as a kind of tick-box or name check, allowing users to communicate the sense that they are engaging with the concepts underlying the jargon without necessarily genuinely doing so. We are therefore rightly wary when a new term comes along; asking ourselves whether there is a need for it in our vocabulary. » More

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Un nuevo Estado como solución para Israel y Palestina

Jerusalem

Jerusalem. Photo: jasonwain/flickr.

PRINCETON – Imaginemos una solución de dos Estados en Israel y Palestina en la que los palestinos tendrían el derecho de retorno; los israelíes se establecerían dondequiera que compraran tierra en Cisjordania; y Jerusalén no tendría que ser dividido. Esta no es una visión fantasiosa sino una reinvención absolutamente creativa de la condición de Estado del siglo XXI. Además, la visita del presidente estadounidense Barack Obama a Israel es una oportunidad para explorar realmente las nuevas reflexiones.

Desde que Bill Clinton casi lograra en 2000 que se negociara un acuerdo amplio, el mantra entre los partidarios del proceso de paz israelí-palestino ha sido que si bien existe una solución, no hay líderes israelíes y palestinos que tengan la voluntad de alcanzarla. La solución es una versión del acuerdo que Clinton vislumbró: dos Estados soberanos basados en las fronteras de 1967 con intercambios de tierras negociados que reflejaran los patrones de asentamiento existentes. El acuerdo incluiría un corredor que conectaría Gaza y Cisjordania; un Jerusalén dividido con acceso garantizado a todos a los sitios religiosos; la renuncia de los palestinos al derecho de retorno; la voluntad de Israel de desmantelar los asentamientos fuera de las fronteras acordadas; y el reconocimiento de los dos Estados en Medio Oriente.

Pero supongamos que la razón por la que los palestinos e israelíes no quieren concluir un acuerdo de esa naturaleza tiene que ver con el hecho de que la solución en sí es nacionalmente  intolerable en ambos lados. Imaginemos que mientras una versión de este acuerdo es la única opción disponible, la escalofriante expansión física del Estado israelí y la expansión demográfica de los árabes israelíes seguirán socavando sus fundamentos. Pese a todas las advertencias urgentes de que la ventana de oportunidad para una solución de dos Estados se está cerrando rápidamente (o ya se cerró), la solución en sí es el problema.

En 2008, un estudiante de Filosofía de la Universidad de Princeton llamado, Russell Nieli, dio una conferencia en el “Center for Jewish Life” en Princeton que fue tan bien recibida que más tarde la amplió e hizo un artículo para la revista estadounidense, Tikkun cuyo fundador es el rabino Michael Lerner. El artículo, “Hacia una paz permanente entre Israel y Palestina –argumentos a favor de dos Estados en condominio”, se publicó con el objetivo de estimular “la reflexión productiva de ideas entre la generación de jóvenes judíos y árabes, no limitada por una visión restrictiva y políticas fallidas del pasado.”

La idea de “Los dos Estados en condominio” es tan visionaria como su nombre inadecuado. La idea central es que los israelíes y palestinos serían ciudadanos de dos Estados separados y por ende se identificarían con dos autoridades políticas individuales. Palestina se definiría como el Estado del pueblo palestino, e Israel, como un Estado judío, bajo “condominio”, no obstante, tanto los palestinos como los israelíes “tendrían el derecho de establecerse en cualquier parte del territorio de cualquiera de los dos Estados, con lo que formarían así una comunidad binacional de asentamientos.”

Consideremos esa idea por un momento. Como lo explica Nieli, los palestinos “tendrían el derecho de establecerse en cualquier parte de Israel, así como los judíos podrían establecerse en cualquier lugar del territorio del Estado palestino. Independientemente de en cuál de los dos Estados vivieran, todos los palestinos serían ciudadanos del Estado Palestino, y todos los judíos serían ciudadanos de Israel.” Cada Estado tendría la autoridad y la obligación de satisfacer las necesidades económicas, culturales, religiosas y de prosperidad de sus ciudadanos que vivan en el territorio del otro Estado. Estos serían derechos y responsabilidades extraterritoriales, así como los Estados Unidos, por ejemplo, atiende las necesidades de un gran número de expatriados, como los dependientes civiles del personal militar estadounidense residente en el extranjero.

Para que funcione, primero tendrían que definirse las fronteras de cada Estado –presumiblemente según las fronteras de 1967, con intercambios mutuamente acordados de tierras. Los árabes israelíes entonces tendrían que transferir su ciudadanía, identidad nacional y derecho nacional de voto –pero no su residencia–  al nuevo Estado palestino. Tendrían el derecho permanente de vivir en Israel y conservarían los beneficios a que tienen derecho actualmente como ciudadanos israelíes, pero no votarían como ciudadanos de Palestina. Todos los demás palestinos que viven en Israel tendrían derechos y beneficios únicamente de acuerdo con la ley palestina.

La solución de dos Estados en condominio da cuenta de la realidad de la profunda interrelación de los colonizadores israelíes en Cisjordania con el resto de Israel –a través de caminos, instalaciones de suministro de agua, instalaciones  eléctricas, estructuras administrativas y relaciones económicas (al igual que partes israelíes y palestinas de Jerusalén son interdependientes). En lugar de tratar de separar y recrear todas estas estructuras y relaciones, tiene más sentido basarse en formas que beneficien a los pueblos y economías de los dos Estados. Además, en un mundo en el que muchos ciudadanos pasan una gran parte de su tiempo en un espacio virtual, la vida en condominio de facto ya se está produciendo.

En los años cincuenta, después de cuatro décadas de guerra en Europa, la idea de una Unión Europea en la que los ciudadanos de los Estados miembros pudieran vivir y trabajar libremente a través de las fronteras nacionales sin perder su pertenencia política e identidad cultural parecía igualmente increíble. (En efecto, el nombre del proceso político sobre el cual habría de construirse la Unión Europea, el “neofuncionalismo” era tan abstracto y torpe como el de “dos Estados en condominio”.) Con todo, los estadistas franceses y alemanes tuvieron la visión y la voluntad de iniciar un experimento osado, que ha evolucionado hasta convertirse en una economía única con 500 millones de personas.

¿Por qué otro lugar en el que hay enemistades añejas no podría ser la fuente de una nueva concepción de Estado? Es interesante que muchos jóvenes en la década de los cincuenta, como mi  madre belga, apoyaron fervientemente la visión de una nueva Europa. Los israelíes y palestinos jóvenes de hoy se enorgullecen de su  espíritu emprendedor, con todos los riesgos e ideas que implica empezar algo nuevo. Apoyar a una nueva empresa política y contribuir a su crecimiento sería el acto definitorio de su generación.

Traducción de Kena Nequiz

Copyright Project Syndicate

Anne-Marie Slaughter fue directora de Planificación de Políticas del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 2009-2011, actualmente es profesora de Ciencias Políticas y Asuntos Internacionales de la Universidad de Princeton.

For additional reading on this topic please see:

Arab League Boycott of Israel

Israel on the Verge of a Third Intifada?

The Emergence of Hamas as a Regional Political Actor


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