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Food for All

Tetra Pak School Milk in Indonesia, courtesy of Tetra Pak/Wikimedia Commons

LONDON – With food prices having doubled in the past decade, food security is back on the international agenda. How can the world produce more to feed the next billion people? How can agricultural yields be raised? What is the best way to develop aquaculture?

Unfortunately, this focus on the supply side misses half the problem. The world already produces more than twice the number of calories that the human population requires. An estimated one-third of global food production is wasted. In poor countries, food is lost due to inadequate storage and gaps in the supply chain (for example, a lack of refrigeration); in rich countries, food is also wasted in the supply chain, and consumers throw a lot of food away. » More

Comida para todos

Tetra Pak School Milk in Indonesia, courtesy of Tetra Pak/Wikimedia Commons

LONDRES – Como en el último decenio los precios de los alimentos se han duplicado, la seguridad alimentaría vuelve a figurar en los programas internacionales. ¿Cómo puede el mundo producir más para alimentar a los próximos mil millones de personas? ¿Cómo se puede aumentar la producción agrícola? ¿Cuál es la forma mejor de desarrollar la acuicultura?

Lamentablemente, al centrarse la atención así en el aspecto de la oferta, se pasa por alto la mitad del problema. El mundo produce ya más del doble de las calorías que la población humana necesita. Se calcula que un tercio de la producción mundial de alimentos se desperdicia. En los países pobres, la pérdida de alimentos se debe al almacenamiento inadecuado y a las lagunas en la cadena de suministro (por ejemplo, falta de refrigeración); en los países ricos, también se desperdician alimentos en la cadena de suministro y los consumidores tiran mucha comida a la basura.

Además, en muchos casos lo que provoca el hambre y la deficiencia nutricional es la pobreza y no la falta de alimentos en el mercado. Millones de personas carecen, sencillamente, de medios para comprar los alimentos que necesitan, situación que seguiría existiendo, aunque se aumentara la oferta. Solucionar el problema de la demanda para que los pobres cuenten con alimentos nutritivos –en particular, las madres y los niños más vulnerables– es uno de los imperativos más apremiantes en materia de seguridad alimentaría.

Una gran diversidad de iniciativas puede contribuir a la solución. Por ejemplo, se puede mejorar la seguridad alimentaria en los microniveles mediante programas que entregan comidas gratuitas a grupos de población vulnerables. Los planes que brindan comidas gratuitas a escolares no sólo ayudan a alimentar a los jóvenes, sino que, además, crean un incentivo para que los padres mantengan a sus hijos en las aulas.

Esa clase de iniciativas resultan particularmente logradas cuando se complementan con programas que brindan acceso al agua potable, la energía, las cocinas seguras y demás. Las medidas para reducir la diarrea – a fin de que los niños retengan el valor nutricional de lo que comen– son otra parte de la solución.

Naturalmente, en países y regiones muy pobres, donde la población no pude permitirse el lujo de comprar comida en los mercados mundiales, no se debe desatender el aspecto de la oferta. Impulsar las cosechas de alimentos básicos (en lugar de los cultivos comerciales) aumentaría la autonomía y fortalecería la capacidad de resistencia cuando los precios internacionales de los alimentos fueran caros.

Al mismo tiempo, se debe buscar un equilibrio entre una mayor producción agrícola y los costos sociales y ecológicos correspondientes. Actualmente, en Sudamérica, el Asia sudoriental y el África central se está aumentando la producción principalmente talando bosques tropicales y eliminando pastizales y humedales, lo que contribuye al cambio climático, interrumpe el ciclo hidrológico y causa la degradación de los suelos, todo lo cual socava la capacidad de nuestro planeta para producir alimentos a largo plazo.

Si continúa la tendencia actual, la mayoría de las especies que aún existen en el mundo se habrá extinguido al final de este siglo y la producción de alimentos, por encima de todos los demás factores, es la que está provocando ese declive. Más del 80 por ciento de todas las aves y los mamíferos está amenazado a consecuencia de una utilización insostenible de la tierra resultante de la expansión agrícola.

La enseñanza que de ello se desprende es clara: debemos centrarnos en hacer más eficiente la producción, reducir el desperdicio y abordar el problema del consumo insostenible.

La reducción del desperdicio de alimentos podría ahorrar más de 250.000 millones de dólares a escala mundial, el equivalente de 65.000 millones de hectáreas de utilización agrícola de la tierra, de aquí a 2030. La creación en China de una cadena de suministro con la temperatura controlada y 30.000 toneladas de almacenamiento moderno costaría más de cien millones de dólares anuales durante los 20 próximos años. Muchos países en desarrollo carecen, sencillamente, de los fondos para semejante inversión inicial, pero, centrándose en lo fundamental y con recursos mucho más modestos, podrían mejorar espectacularmente la calidad de los silos de cereales, situados por lo general en zonas de población rural pobre y en los que más del 30 por ciento de los alimentos se estropea hasta el punto de resultar inadecuado para el consumo humano.

Ya hay algunas tendencias positivas que se deben capitalizar a escala planetaria. En los últimos años, los hogares del Reino Unido han reducido su desperdicio de alimentos en un 21 por ciento y la industria alimentaria ha recortado sus niveles de desperdicio en un ocho por ciento. El público está más dispuesto a renunciar a la perfección cosmética: el de las frutas y verduras “feas” es el sector que crece más rápidamente en el mercado de productos frescos del Reino Unido, pues el año pasado se salvaron 300.000 toneladas de ellos, que, de lo contrario, se habrían desperdiciado por no tener la forma o el tamaño correctos.

Existe mucha preocupación por la demanda en aumento de carne y productos lácteos en China y la India, pero el consumo de carne por habitante en los Estados Unidos y Europa sigue siendo más del triple que el de esos dos países.

Además de que se coma menos carne, es necesario que en la producción de ésta se utilicen los recursos más eficientemente. En el pasado, el alimento del ganado vacuno, las ovejas y las cabras eran la hierba y otras fuentes de energía no disponibles para los seres humanos, mientras que el de los cerdos y las gallinas eran los desperdicios, con lo que contribuían en conjunto a la disponibilidad total de alimentos. Ahora se utiliza un tercio de toda la tierra cultivable para cultivos destinados a alimentar el ganado y no para cultivos básicos a  fin de obtener alimentos destinados a las personas. Los ricos compran estos últimos para alimentar a sus animales y los pobres no pueden superar esa puja a fin de comprarlos para alimentar a sus hijos.

Según los cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la utilización de más subproductos y desperdicios como alimento del ganado podría liberar alimentos en el mercado mundial para alimentar a otros 3.000 millones de personas. La campaña Pig Idea pide el fin de la legislación de la Unión Europea y de algunos de los estados de los EE.UU. que prohíbe la utilización de desperdicios de alimentos para alimentar cerdos y gallinas, por el riesgo de enfermedades animales. Mediante sistemas de tratamiento adecuados se pueden abordar esos riesgos (como ocurre en el Japón y en Corea del Sur). Los beneficios sociales, económicos y medioambientales serían enormes.

La Tierra es capaz de alimentar a todo el mundo. No abordar los problemas que afectan la oferta y la demanda es una prueba de mala administración grotesca y un crimen contra los pobres del mundo, las demás especies del planeta y las generaciones futuras.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.

Copyright Project Syndicate


Jeremy Oppenheim es director mundial de la Iniciativa Especial sobre el Cambio Climático de MacKinsey & Company. Tristram Suart, escritor británico y participante en campañas contra el desperdicio de alimentos, obtuvo el premio Sophie en 2011.


For additional material on this topic please see:

Global Food Security

The Water, Energy & Food Security Nexus

Food Security in Bangladesh: A Comprehensive Analysis


For more information on issues and events that shape our world please visit the ISN’s Weekly Dossiers and Security Watch.

 

De la nourriture pour tout le monde

Tetra Pak School Milk in Indonesia, courtesy of Tetra Pak/Wikimedia Commons

LONDRES – Les prix des aliments ont doublé ces dix dernières années et la sécurité alimentaire est de nouveau au cœur des préoccupations internationales. Comment la planète peut-elle produire davantage pour nourrir un milliard de personnes en plus ? Comment peut-on augmenter les rendements agricoles ? Quelle est la meilleure méthode pour développer l’aquaculture ?

Malheureusement cette concentration sur la question de l’offre néglige l’autre versant du problème. La production mondiale est déjà plus de deux fois supérieure en nombre de calories à ce dont la population humaine a besoin. On estime qu’un tiers de la production alimentaire mondiale est gaspillée. Dans les pays pauvres, la nourriture se perd à cause d’un stockage inadapté et de lacunes dans la chaîne d’approvisionnement (par exemple, le manque de réfrigération). Dans les pays riches la nourriture est aussi gaspillée dans la chaîne d’approvisionnement et les consommateurs jettent beaucoup de nourriture.

En outre dans de nombreux cas, c’est bien la pauvreté, mais pas le manque de nourriture sur le marché qui entraîne la faim et les carences nutritionnelles. Des millions de personnes n’ont tout simplement pas les moyens d’acheter la nourriture dont ils ont besoin, ce qui pourrait toujours être le cas si on augmentait l’offre. Trouver une solution du côté de la demande, pour distribuer des aliments nutritifs aux pauvres, en particulier aux mères et aux enfants les plus vulnérables, est l’un des impératifs de sécurité alimentaire les plus urgents.

Une large gamme d’initiatives peut contribuer à une solution. On peut par exemple augmenter la sécurité alimentaire à petit échelle grâce à des programmes qui proposent des repas gratuits aux groupes vulnérables de la population. Les programmes qui proposent des repas gratuits aux écoliers aident non seulement à nourrir les jeunes, mais créent également une incitation pour les parents à laisser leurs enfants aller à l’école.

De telles initiatives sont particulièrement réussies quand elles sont complétées par des programmes donnant un accès à l’eau potable, à l’énergie, à une bonne cuisson des aliments et ainsi de suite. Des mesures pour réduire la diarrhée, pour que les enfants conservent la valeur nutritive de ce qu’ils mangent, est une autre partie de la solution.

Bien sûr dans les pays et les régions très pauvres, où les gens n’ont pas les moyens d’acheter de la nourriture sur les marchés mondiaux, l’aspect de offre ne doit pas être négligé. Augmenter les rendements des aliments de base cultivés localement (plutôt que les cultures industrielles) permettrait d’augmenter l’autonomie et de renforcer la résilience lorsque les prix des denrées alimentaires internationales sont en hausse.

De même la production agricole plus forte doit équilibrer les coûts écologiques et sociaux associés. La production en Amérique du Sud, en Asie du Sud et en Afrique centrale est actuellement principalement produite par le défrichement des forêts tropicales, des prairies et des zones humides. Cette approche contribue au changement climatique, interrompt les cycles hydrologiques et provoque la dégradation des sols, qui détruisent la capacité de notre planète à produire de la nourriture à long terme.

Si les tendances actuelles se maintiennent, la majorité des autres espèces de la planète auront disparu d’ici la fin du siècle et c’est la production alimentaire, plus que tous les autres facteurs, qui provoque ce déclin. Plus de 80% de tous les oiseaux et mammifères en voie de disparition sont menacés par la surexploitation des terres résultant de l’expansion agricole.

La leçon à en tirer est simple : nous devons nous concentrer sur une production plus efficace, réduire les déchets et résoudre le problème d’une consommation non durable.

Réduire le gaspillage alimentaire pourrait permettre d’économiser plus de 250 milliards de dollars dans le monde, soit 65 millions d’hectares d’utilisation des terres agricoles d’ici 2030. Construire une chaîne d’approvisionnement moderne à température contrôlée avec 30 000 tonnes de stockage en Chine devrait coûter plus de 100 millions de dollars par an pendant les 20 prochaines années. De nombreux pays en développement ne disposent tout simplement pas des capitaux nécessaires à une telle mise de départ. Mais en se concentrant sur les vrais problèmes et avec des ressources beaucoup plus modestes, une amélioration considérable de la qualité des silos à grains serait possible. Ils contiennent plus de 30% de la nourriture, généralement entreposée à proximité de la population rurale pauvre, et cette nourriture se trouve gâtée au point d’être impropre à la consommation humaine.

Il y a déjà quelques tendances positives dans le monde, qui doivent être exploitées. Au cours des dernières années, les ménages du Royaume-Uni ont réduit leurs déchets de nourriture de 21% et l’industrie alimentaire a réduit ses flux de déchets de 8%. L’opinion publique est mieux disposée à renoncer à la perfection esthétique : les fruits et légumes « moches » sont le secteur à plus forte croissance des produits frais sur le marché du Royaume-Uni, qui a permis l’année dernière d’économiser 300 000 tonnes de produits qui auraient été autrement gaspillées à cause d’un défaut de forme ou de taille.

La demande croissante en produits carnés et laitiers en Chine et en Inde représente un très gros enjeu. Mais la consommation de viande par habitant aux Etats-Unis et en Europe est toujours plus de trois fois supérieure à celle des autres pays.

En plus de manger moins de viande, la production de viande doit être plus économe en ressources. Par le passé, les bovins, les moutons et les chèvres étaient nourris avec de l’herbe et avec d’autres sources d’énergie non disponibles pour les humains, tandis que les porcs et les poulets étaient nourris avec les déchets, contribuant ainsi ensemble à la disponibilité alimentaire globale. Aujourd’hui un tiers de toutes les terres arables est utilisé par des cultures qui nourrissent le bétail, ce qui empêche des cultures industrielles pour les humains. Les riches achètent cette nourriture pour nourrir leurs animaux, ce qui empêche les pauvres qui veulent l’acheter de nourrir leurs enfants.

Le Programme des Nations Unies pour l’environnement (PNUE) estime que l’utilisation de davantage de sous-produits et de déchets pour nourrir le bétail pourrait produire assez de nourriture sur le marché mondial pour nourrir trois milliards personnes en plus. La campagne Pig Idea appelle à mettre fin à la législation de l’Union européenne et de certains États américains qui interdit l’utilisation des déchets alimentaires pour nourrir les porcs et les poulets en raison du risque de maladies animales. Ces risques peuvent être gérés efficacement par des systèmes de traitement adéquats (comme au Japon et en Corée du Sud). Les avantages environnementaux, économiques et sociaux seraient énormes.

La Terre est capable de nourrir tout le monde. Manquer de résoudre les problèmes qui touchent à l’offre et à la demande équivaut à une mauvaise gestion ridicule et à un crime envers les pauvres du monde, les autres espèces de la planète et envers les générations futures.

Copyright Project Syndicate


Jeremy Oppenheim est directeur mondial du McKinsey & Company’s Climate Change Special Initiative. Tristram Stuart, écrivain britannique militant contre le gaspillage alimentaire, a remporté le prix Sophie 2011.


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Global Food Security

The Water, Energy & Food Security Nexus

Food Security in Bangladesh: A Comprehensive Analysis


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Arming the Elephant

Indian Air Force Embraer EMB 1451, courtesy of PL Tandon/Flickr

NEW DELHI – The rise in US arms sales to India is being widely cited as evidence of the two countries’ deepening defense relationship. But the long-term sustainability of the relationship, in which India is more a client than a partner, remains a deep concern for Indians. Does the recently issued Joint Declaration on Defense Cooperation, which establishes intent to move beyond weapons sales to the co-production of military hardware, mark a turning point, or is it merely a contrivance to placate India?

The factors driving the strategic relationship’s development are obvious. Since 2006, bilateral trade has quadrupled, reaching roughly $100 billion this year. And, over the last decade, US defense exports to India have skyrocketed from just $100 million to billions of dollars annually. » More

L’armement de l’Inde au cœur des relations avec les Etats-Unis

Indian Air Force Embraer EMB 1451, courtesy of PL Tandon/Flickr

NEW DELHI – La progression des ventes d’armes américaines à l’Inde est régulièrement citée comme la preuve de l’approfondissement de la relation de défense entre les deux pays. Mais la viabilité à long terme de cette relation, dans laquelle l’Inde est davantage client que partenaire, reste un sérieux sujet de préoccupation pour les Indiens. La Déclaration conjointe sur la coopération de défense entre l’Inde et les Etats-Unis, publiée le 28 septembre dernier, et qui comprend l’intention d’aller au-delà de la vente d’armes pour établir une coproduction d’équipements militaires, constitue-t-elle un point tournant ou n’est-elle qu’un artifice destiné à apaiser l’Inde ?

Les moteurs du développement de la relation stratégique sont évidents. Depuis 2006, les échanges commerciaux bilatéraux ont quadruplé, pour atteindre 100 milliards de dollars environ cette année. Et au cours de la décennie écoulé, les exportations américaines d’armement ont grimpé en flèche, de seulement 100 millions de dollars à plusieurs milliards de dollars par an.

Compte tenu de la baisse des dépenses militaires aux Etats-Unis mêmes et de la situation tendue des autres marchés à l’exportation, les entreprises de défense américaines ont cherché à accroître leurs ventes à l’Inde, qui est aujourd’hui le plus grand importateur mondial d’armement. Le contexte politique est favorable à leurs projets : l’Inde mène actuellement plus d’exercices militaires avec les Etats-Unis qu’avec n’importe quel autre pays.

Pour les Etats-Unis, remplacer la Russie comme principal fournisseur d’armements de l’Inde a été un triomphe diplomatique majeur, qui n’est pas sans rappeler la décision prise par l’Égypte durant la Guerre froide de changer d’allégeance – et de fournisseur d’armements – de l’Union soviétique aux Etats-Unis. La différence est que l’Inde est, elle, en mesure de payer pour les armes qu’elle achète.

Et les paiements sont conséquents. Ces dernières années, l’Inde a commandé des équipements militaires américains à hauteur de 9 milliards de dollars environ. Elle achète en ce moment de nouveaux systèmes d’armement américains – 22 hélicoptères d’attaque Apache, 6 avions de transport militaire C-130J, 15 hélicoptères de transport lourd Chinook et 146 obusiers M-777 – pour une valeur globale de 5 milliards de dollars. Le montant des contrats d’armement de l’Inde avec les entreprises américaines dépasse le montant de l’aide militaire américaine à quelque pays que ce soit, sauf Israël.

Nirupama Rao, l’ambassadeur de l’Inde aux Etats-Unis, a qualifié ces transactions de « nouvelle frontière » dans les relations entre les deux pays, et de « très prometteuse qui plus est ». Mais si cette évolution est certainement positive pour les Etats-Unis, pour l’Inde, elle représente une nouvelle frontière de dépendance.

Le problème est que le secteur de la Défense indien n’a pratiquement rien qu’il puisse vendre aux Etats-Unis. Le pays doit encore développer une production d’armement crédible comme par exemple celle du Japon, qui développe des systèmes d’armement avancés conjointement avec les Etats-Unis. En fait, l’Inde dépend des importations – non seulement de ses fournisseurs principaux comme les Etats-Unis et la Russie, mais également d’Israël, le 6ème exportateur mondial d’armements – pour assurer ses besoins même les plus élémentaires en matière de défense.

Par ailleurs, le gouvernement indien ne s’est pas servi du pouvoir de négociation lié à ces énormes contrats d’armements pour faire progresser les intérêts nationaux. Il aurait par exemple pu tenter de convaincre les Etats-Unis de cesser de vendre des armes au Pakistan ou d’obtenir un meilleur accès au marché américain pour les entreprises indiennes très compétitives des secteurs pharmaceutique et des technologies de l’information, qui sont aujourd’hui confrontées à de nouvelles barrières non tarifaires américaines.

Mettre en œuvre la récente Déclaration de coopération de défense ne sera pas une tâche aisée. Par exemple, identifier les possibilités spécifiques de projets collaboratifs d’armement doit être fait conformément aux « politiques et procédures nationales ». Mais les deux parties ne peuvent pas vraiment « se placer au même niveau que leurs partenaires les plus proches » à moins que les politiques et procédures nationales – en particulier celles des Etats-Unis – évoluent suffisamment.

De même, la Déclaration ne fait que répéter que les Etats-Unis soutiennent pleinement « l’adhésion à part entière » de l’Inde dans les quatre régimes de contrôle des technologies, en grande partie établis à l’initiative des Américains : l’Arrangement de Wassenaar, le Groupe des fournisseurs nucléaires, le régime de contrôle de la technologie des missiles, et le Groupe Australie. Étant donné que la politique des Etats-Unis est de refuser l’accès aux technologies sensibles pour les pays qui ne sont pas membres de ces régimes, l’adhésion de l’Inde ferait toute la différence en matière de partage de technologies.

La position des États-Unis laisse à penser qu’ils cherchent surtout à composer avec le désir de l’Inde d’établir une relation plus équitable s’agissant des questions de défense. Ils sont prêts à produire conjointement des systèmes défensifs plus modestes, comme les missiles anti tank Javelin, pour ouvrir la voie à de nouveaux contrats à plusieurs milliards de dollars pour les systèmes fabriqués aux Etats-Unis. Les médias indiens participent également au renforcement de cette illusion de progrès en insistant sur la formulation « partenaires les plus proches » pour se féliciter de l’accord.

Alors que la volonté des Etats-Unis d’approfondir la relation de défense a surtout pour objectif de compenser l’influence d’une Chine de plus en plus entreprenante, l’ironie de la situation est que le président américain Barack Obama a adopté une position de neutralité en ce qui concerne les différents entre l’Inde et la Chine. Les Etats-Unis ont par exemple décliné la proposition d’organiser des exercices militaires conjoints dans l’État indien d’Arunachal Pradesh, dans le nord-est du pays, appelé par la Chine « Tibet du Sud » depuis 2006.

Actuellement, les Etats-Unis vendent essentiellement des systèmes d’armement défensifs à l’Inde, tandis que la Russie, entre autres fournisseurs, propose des armes offensives, dont des bombardiers stratégiques, un porte-avions et un sous-marin nucléaire en location. Les Etats-Unis seraient-ils prêts à vendre des armements offensifs à l’Inde – dont des armes conventionnelles de haute précision, des moyens de lutte anti sous-marine et des missiles longue portée sol-sol et sol-mer – qui pourraient dissuader une attaque militaire préemptive de la Chine ?

Cette question prendra une importance croissante, au fur et à mesure du développement de coopération de défense entre les Etats-Unis et l’Inde.

Traduit de l’anglais par Julia Gallin

Copyright Project Syndicate


Brahma Chellaney est professeur d’études stratégiques au Centre de recherche politique à New Delhi.



For additional material on this topic please see:

India and China: Nuclear Rivalry in the Making?

The Tactical Reach and Requirement of the Indian Navy

US – India Homeland Security Cooperation


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